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Biodiversidad
  Los recursos vegetales y su gestión para el desarrollo del Cauca 
Diciembre 17,02
Autor: Apolinar Figueroa y Leonidas Zambrano   
 
 

El Departamento del Cauca presenta una alta heterogeneidad biofísica, socioeconómica y cultural. De hecho, contiene la mayoría de las formaciones vegetales del país, desde la selva neotropical inferior hasta el superpáramo, pasando por la selva subandina, andina, subpáramo y el páramo propiamente dicho (sensu Cuatrecasas 1958).

La
Fotógrafo: Biko

El Departamento del Cauca presenta una alta heterogeneidad biofísica, socioeconómica y cultural. De hecho, contiene la mayoría de las formaciones vegetales del país, desde la selva neotropical inferior hasta el superpáramo, pasando por la selva subandina, andina, subpáramo y el páramo propiamente dicho (sensu Cuatrecasas 1958). Así, El Cauca es una zona rica en ecosistemas, fauna, flora, endemismos y recursos hídricos. En términos fisiográficos el Cauca está atravesado por las cordilleras Occidental y Central que forman los valles interandinos de los ríos Cauca (al norte) y Patía (al sur). La Cordillera Occidental, que corre paralela a la línea de la costa, atraviesa el departamento de sur a norte y tiene su origen en el Nudo de los Pastos, en territorio nariñense. La Cordillera Central discurre de sur a norte, formando entre lo límites de Cauca, Huila y Nariño el Macizo Colombiano, donde se origina la Cordillera Oriental. El Macizo Colombiano es un ecosistema estratégico para el desarrollo del Cauca y del país porque da origen a algunas de las principales cuencas hidrográficas de Colombia (Magdalena, Cauca, Caquetá y Patía) y porque alberga más de 100 ecosistemas lacustres de alta montaña. A pesar de estas características que hacen del Macizo una región vital para la sostenibilidad ecosistémica y económica del país por su oferta hídrica y biológica la gran presión y procesos de apropiación de la cobertura vegetal para actividades de transformación y adecuación de tierras para la agricultura, ganadería y cultivos ilícitos ha generado en los últimos años su degradación acelerada, acentuando los procesos de fragmentación de los ecosistemas y recursos vegetales, potenciando procesos erosivos y afectando la oferta ambiental de hábitats y nichos, lo que pone en peligro la sostenibilidad de esta gran región.

Sobre la zona occidental de la Cordillera Occidental se encuentra el andén Pacífico, formado por llanuras litorales y aluviales que son, generalmente, terrenos planos y depresiones de ríos en los que la vegetación predominante está constituida por manglares, natales y guandales, considerados sinesias de la selva neotropical inferior (Cuatrecasas 1958). La otra unidad de la región del Pacífico está constituida por colinas de relieve ondulado a fuertemente ondulado en las que se destacan otras comunidades más complejas y diversas de la selva neotropical inferior (localizada entre el nivel del mar y 1000 metros de altura), donde habitan un gran número de familias, géneros y especies con un alto valor ambiental y económico.

Visión general sobre la apropiación de los recursos vegetales y su situación actual
En el Cauca la demanda sobre sus recursos naturales ha sido y es constante e incontrolada. Los procesos de reconversión de las selvas húmedas tropicales, marismas y piedemontes para actividades como “potrerización” y “ganaderización” extensivas, asociadas a programas estatales de colonización con fuertes subsidios fiscales, contribuyeron desde la década de 1960 (y en menor grado durante los 80) a la deforestación de grandes áreas como la parte alta de las cuencas del río Micay y Naya en la vertiente Pacífica, la pérdida total de cobertura natural en la región del Patía, la apropiación incontrolada de la vegetación y riqueza maderera de la media y baja Bota Caucana y la deforestación del piedemonte de la Cordillera Occidental en su vertiente oriental y de la Central en su vertiente occidental, afectando la cuenca del río Cauca. Con estos procesos de antropización para la ampliación incontrolada de la frontera agrícola la deforestación de los piedemontes cordilleranos andinos del departamento ha afectado las características ecosistémicas de las zonas alto-andinas, alterando las precipitaciones de estas tierras e influyendo sobre las condiciones de los suelos y sobre las coberturas vegetales que regulan las fuentes de agua de las zonas templadas y bajas de los valles interandinos. Esta situación ha generado la multiplicación de inundaciones y sequías, haciendo evidente las interrelaciones existentes entre la remoción de los bosques en las partes altas de las cuencas hidrográficas y desastres como las avalanchas, las inundaciones y los deslizamientos que han padecido algunas de nuestras comunidades (Figueroa et al. 1998:26).

Una demanda ambiental con tasas de extracción muy superiores a las socio-ambientalmente deseables, sumada a la ausencia de mecanismos que permitan cobrar por el deterioro ambiental que generan los procesos de antropización, se ha traducido a que en el Cauca sólo 7 municipios conserven más del 75% de su territorio con cobertura boscosa, 2 conserven un 40% de bosque natural intervenido por procesos de colonización, 20 conserven un 7.2% en bosque natural y páramos y 9 conserven menos del 5% en bosque natural (C.R.C 1996). Los municipios más transformados se encuentran en las cuencas hidrográficas de los ríos Patía y Cauca, sin desconocer la gran perturbación que ha sufrido el alto Magdalena en los últimos 50 años, situación que fue potenciada con la avalancha del río Páez en 1994.

El nivel de alteración y degradación ambiental de la región del Patía permite determinar la existencia de 3.955 hectáreas clasificadas como áridas en el municipio de Patía y 546 en el municipio de Bolívar (DNP- CORPONARIÑO-CRC-GTZ 1993), lo que sitúa esta región en el punto de confluencia entre el déficit de agua y la crisis social y económica, siendo evidente su alta vulnerabilidad ambiental (IDEAM 1998). De igual forma, el grado de transformación de la cuenca del río Cauca permite identificar sobre el flanco occidental de la Cordillera Central la presencia de unas 5.000 hectáreas de amapola que han ocasionado cambios en el uso de los suelos; además, el cultivo de amapola ha creado otras orientaciones de uso en áreas de alta fragilidad ambiental como el Macizo, desatando procesos de deforestación, pues cada hectárea de amapola sembrada se traduce en el desmonte de entre 2.5 y 4 hectáreas de bosque nativo (IDEAM 1998). Las áreas de alta montaña de la cuenca del Cauca también han sido sometidas a intensa presión por la ampliación de la frontera agrícola con pastos naturales y bajo grado de tecnificación; esta situación es el resultado de la disyuntiva entre la prioridad de la supervivencia de las comunidades y los criterios de conservación de estos ecosistemas estratégicos. Estas zonas también han sido afectadas por la alta demanda de leña para uso doméstico, estimada para la zona indígena en 21m3/familia/año y para la zona de drenaje directo de la Salvajina en 12 m3/familia/año. También existe presión de parte de la actividad minera y su demanda de madera para palancas y estacones en los socavones de las explotaciones de carbón, cuyo requerimiento es de 0.1m3 de madera redonda por tonelada de carbón explotado; según cálculos de EPSA la demanda total de madera es del orden de 60.000 m3/año, siendo atendido en un 20% con los productos de los bosques nativos de la zona y el resto con madera procedente de la costa Pacífica. La producción de carbón vegetal para diferentes usos es otro de los factores de deforestación en esta cuenca. Esta situación es más crítica en los municipios de Buenos Aires, Suárez, Popayán, El Tambo, Timbío y Sotará (CRC 1996). Así, la cuenca del Cauca es una zona de alta vulnerabilidad (IDEAM 1998).

En este contexto el desarrollo del Cauca requiere el reconocimiento de su oferta ambiental para formular alternativas de aprovechamiento y conservación. Por ello es prioritaria la caracterización de sus formaciones vegetales, su estado actual y sus potencialidades para la formulación y consolidación de planes de ordenamiento ambiental que propicien una gestión articulada a la realidad ambiental y social del departamento.

Caracterización de las formaciones vegetales del Departamento del Cauca

Las contribuciones de Francisco José de Caldas (Pinto 1993:4-25) al conocimiento de la flora neotropical, sobre todo con el establecimiento del sistema de pisos térmicos basado en principios altitudinales, sirvieron de antecedente para la construcción de otras teorías y sistemas de clasificación; de hecho, en el trabajo de Caldas basó Humboldt su obra “La Geografía de las Plantas” (Pérez 1982:189). En este artículo usaremos la clasificación de las formaciones vegetales hecha por Cuatrecasas (1958), estableciendo su equivalencia con el sistema de Holdridge (1978)[1] y su aplicación para Colombia adecuada por el IGAC (1977). De acuerdo con el sistema de clasificación de Cuatrecasas (1958) en el Departamento del Cauca se presentan las siguientes formaciones vegetales:

Selva neotropical

Esta selva se caracteriza por ser siempre verde, higrófila y por presentar una gran diversidad de árboles, los cuales generalmente tienen hojas coriáceas, cartáceas y persistentes. Está presente en el piedemonte andino de la Cordillera Occidental, Central y amazónico (Bota Caucana); la costa Pacífica (andén Pacífico); la vertiente occidental de la Cordillera Occidental; y los valles interandinos del Cauca y Patía.

Una caracterización específica de esta formación es la que se llama

“selva neotropical inferior”: está localizada desde el nivel del mar hasta 1000 msnm, con una precipitación entre 1.700 y 1.800 mm anuales y con una temperatura de 28 a 23 oC. Por su alta temperatura y humedad higrófita o subhigrófita es una selva isomegatérmica. Esta formación, también conocida como hylaea del Pacífico, consta hasta con tres estratos de árboles. El más alto puede superar los 35 metros. Es de dosel cerrado y troncos rectos, con contrafuertes tabulares. La cobertura de palmas es importante donde el contenido de agua en el suelo aumenta, especialmente en sectores de cauces y quebradas. El sotobosque es poco denso y el estrato herbáceo es pobre. Posee una representativa muestra de epifitas, como musgos, hepáticas y líquenes, resultado del alto grado de humedad. En esta formación se destacan las siguientes especies: aguacatillo (Persea sp), aguacatón (Beilschmiedia sp), ajo (Caryocar sp), anís (Ocotea sp), anime (Protium sp), bongo (Quararibea sp), caimo pelón (Pouteria sp), cargadero (Guatteria sp), chalde (Guarea sp), clavito (Palicourea sp), capitán (Jacaranda copaia), chachajo (Aniba sp), chanul (Sacoglotis procera), guayabillo (Eugenia sp), higo (Ficus sp), jigua (Nectandra sp), lechero (Brosinum utile), manteco (Tapirira myriantha), mare (Brosinum rubescens), mestizo (Mabea sp), mortiño (Miconia sp), peinemono (Apeiba aspera), rayado (Sorocea sp) y yarumo (Cecropia spp) (Zambrano et al. 1994). En la región del Pacífico la selva neotropical inferior presenta altos niveles de intervención antrópica asociada a actividades extractivas de maderas duras y finas, a procesos de explotación minera y a la conversión de amplias extensiones de selva a potreros para ganadería extensiva. Esta situación es evidente en la cuenca del río Micay en sectores aledaños a las poblaciones de Huisitó, Sinaí, San Juan de Mechengue, Honduras y Nayita.

En dirección a la costa en esta región encontramos las sinesias de guandal, natal y en la línea de costa la formación de manglar, una formación independiente en el sistema de Cuatrecasas. A diferencia de la selva neotropical inferior de la región del Pacífico el guandal se caracteriza por desarrollar su parte más baja (áreas aledañas a la sinesia de natal) en terrenos frecuentemente inundados por agua no salobre, donde presenta adaptaciones evolutivas de zancos en el sistema radical y contrafuertes para sostener el sistema aéreo. Aledaño a esto, sobre terrenos de colinas bajas no inundables, se localiza la continuidad del guandal en un ambiente de transición que constituye un ecotono con la selva neotropical inferior. Los suelos de esta formación tienen bajos contenidos de sales intercambiables, cambisoles dístricos (CMd), asociados con suelos que, además, tienen una abundante presencia de rocas, leptosoles dístricos (LPd), y suelos con horizonte árgico y alta saturación de bases intercambiables, lixisoles háplicos (LXh). Las principales especies del guandal son Symphonia globulífera, Campnosperma sp, Iryanthera spp y Virola spp.

El natal está constituido por comunidades de nato (Mora oleífera), una leguminosa de gran porte con alturas promedio que alcanzan los 30 metros. Esta comunidad es la transición del manglar halófito a una comunidad halófoba, lo que plantea un grado de tolerancia a ciertas concentraciones de sal, patrón que está influenciado por la penetración de la cuña salina con el flujo y reflujo del agua de los ríos, que en la costa occidental depende de las mareas. En el Departamento del Cauca el natal existe entre las desembocaduras de los rios Naya, Micay y Guapi. Sus especies más características son Symphonia globulífera, Dialynthera sp, Pachyra aquatica, Iryanthera sp, Brossimum utile, Pterocarpus officinalis, Apeiba aspera, Euterpe cuatrecasana y Mauritiella pacifica. En el pacífico Caucano el natal se encuentra altamente intervenido por actividades antrópicas relacionadas con extracción maderera y agricultura de subsistencia, presentándose mayor degradación cerca de los asentamientos humanos. Este patrón de apropiación y cambio de uso de los suelos ha originando un proceso sucesional donde se observa un predominio del naidí (Euterpe cuatrecasana), originando lo que se conoce en la región como el naidisal.

El manglar es un ecosistema costero con un suelo limo-fango-arcilloso y de características anaeróbicas con una gran concentración de iones orgánicos e inorgánicos producto del arrastre de sedimentos y nutrientes procedentes de los ríos, favoreciendo con su estructura y dinámica la acumulación de detritos en diferentes grados de descomposición; así se enriquecen los suelos, consolidando su estructura física y química. Según la clasificación de la FAO (IGAC 1995:480-482) los suelos de esta formación son mal drenados con altos contenidos de bases intercambiables, gleysoles éutricos (GLe), en asocio con suelos de materiales aluviales ricos en sulfuros, fluvisoles tiónicos (FLt) y con altos contenidos en materia orgánica, fluvisoles úmbricos (Flu), sobre los cuales se han propiciando procesos de ocupación y sucesión continuada sobre la línea de costa mediante la ocupación por otras especies vegetales de las áreas consolidadas. Cuatrecasas (1958) definió esta formación como un conjunto de asociaciones arbóreas o arbustivas perennifolias de carácter anfibio y halófilas. El manglar se ubica en una región con una precipitación promedio de 8000 mm y una temperatura superior a 24 C, perteneciendo a la provincia de humedad superhúmedo, lo que la identifica según el sistema de clasificación de Holdridge (1978) como un bosque muy húmedo tropical (bmh-T). En el manglar se destacan el mangle iguanero (Avicennia germinans L.), mangle negro (Conocarpus erectus L.), mangle blanco (Laguncularia racemosa Gaertn), nato o mangle nato (Mora oleifera Pittier), mangle rojo (Rizophora mangle L.) y piñuelo (Pellicera rhizophorae L) (Zambrano 1989; Von Prahl et al. 1990). Según Cuatrecasas (1958) el mangle piñuelo es una de las plantas de mayor interés científico por ser un árbol de una familia muy distante de los otros mangles y por constituir un genero endémico con una sóla especie.

El manglar tiene importancia ecológica puesto que es el hábitat natural de una gran cantidad de fauna (íctica, crustáceos, moluscos y reptiles), una alternativa alimentaria para las comunidades humanas asentadas en cercanías de estas formaciones. También es una reserva de una gran cantidad de nutrientes que permite el mantenimiento de cadenas tróficas de vital trascendencia para el ecosistema marino y estuarino; su alta productividad primaria es debida al aporte neto de las hojas del mangle, manteniendo un ciclo abierto con el medio. Esta formación tiene importancia socioeconómica por el uso de sus recursos, especialmente de la madera, en procesos constructivos, elaboración de canoas, como medio energético (leña y carbón), con fines artesanales, y como alternativa medicinal.

Dentro de la formación de selva neotropical inferior merecen especial mención las islas de Gorgona y Gorgonilla por ser un territorio insular del Cauca en el Pacífico, declaradas Parque Nacional Natural en 1983. Las islas tienen una precipitación total anual de 6694 mm, temperatura media anual de 26ºC y humedad relativa de 85%, lo que las define como una provincia de humedad superhúmeda. La estructura vegetal está soportada en suelos que en un 60% son entisoles; el 40% restante está dominado por inceptisoles. La vegetación natural es de tipo selvático con dos estratos arbóreos; el superior alcanza 35 metros. Las especies arbóreas características son Cespedecia macrophylla, Symphonia globulífera, Ardisia opaca, Perebea xanthochyma, Eschweilera pittiere, Casearia Sylvestris, Xylopia colombiana, Mabea occidentalis, Miconia apiculata, Geonoma cunneat (Cuatrecasas 1958), Guatteria sp, Malpighia glabra, Casipourea elliptica, Pouteria sp, Ocotea sp, Tovomita weddellina, Ryania speciosa, Cosmibuena macrocarpa, Hyeronima oblonga y Terminalia amazónica (Rangel 1992).

En el piedemonte amazónico (Bota Caucana) la selva neotropical presenta una comunidad arbórea exuberante, siempre verde, con una gran diversidad de especies con tres estratos: el superior, con alturas promedias entre 25 y 35 metros; un estrato arbóreo intermedio entre 15 y 25 metros; y un arbóreo inferior entre 5 y 15 metros; esta estructura está determinada por asociaciones climáticas y edáficas. Las especies más características de esta selva son aguacatillo (Persea sp), achapo (Cedrelinga sp), anime (Protium sp), arrayan (Myrcia popayanensis), balso (Ochroma pyramidale), caimaron (Pourouma cecropiifolia), caimito (Pouteria sp), canalete o pavito (Jacaranda copaia), candelo (Hieronyma alchorneoides), punta de lanza (Vismia amazonica), quina (Cynchona sp), caspi (Mauria heterophylla), chiparo (Zigia sp), cordoncillo (Piper silvaense), cuángare (Virola elongata), gualanday (Jacaranda caucana), helecho arbóreo (Cyathea sp), jaboncillo (Isertia pittieri), jigua (Ocotea sp), laurel (Nectandra sp), mandur (Vismia baccifera), medio comino (Aniba sp), mortiño (Miconia triangularis), otobo (Dialyanthera sp), paco (Cespedecia macrophylla), palma bombona (Iriartea deltoidea), palma zancona (Socratea exorrhiza), palma mil pesos (Oenocarpus bataua), palma nanco (Wettinia maynensis), palma chambira (Astrocaryum chambira), palo bobo (Heliocarpus americanus), platanillo (Heliconia sp), surrumbo (Trema micrantha), tachuelo (Zanthoxylum sp), y yarumo (Cecropia caucana).

En esta región los recursos vegetales maderables son utilizados para comercialización en forma de trozas y piezas de madera aserrada. La madera redonda es aprovechada para posteadura, construcción de viviendas y leña. Las especies de mayor aprovechamiento en la región son amarillo, cedro, achapo, aguarrás, granadillo, medio comino, anime, chanul y otobo. Las palmas no se comercializan. Este vital ecosistema presenta un alto grado de fragmentación como consecuencia de los procesos de colonización; actividades como la extracción de madera, la tumba y quema para el establecimiento de agricultura de subsistencia y ganadería y la explotación petrolera en la baja Bota Caucana han generado una presión y degradación de estos ecosistema, afectando la cuenca del río Caquetá. La antropización ha transformado el paisaje y la fisonomía de la selva inferior y subandina por la pérdida de cobertura, dando origen a grandes parches de vegetación herbácea con predominancia de gramíneas donde antes había vegetación arbórea y a dispersas actividades agrícolas que producen maíz, plátano, yuca, frijol y frutales. Las actividades agrícolas requieren ordenamiento y tecnificación para garantizar un nivel de productividad que permita su persistencia en el tiempo, controlando la agricultura itinerante y evitando la ampliación de la frontera agrícola. Uno de los resultados de esta perturbación son los palmares asociados al estrato herbáceo y arbustivo, puesto que las palmas no se cortan y permanecen en el entorno, originando una nueva expresión del paisaje en la región.

El sector interandino, localizado en los valles de los ríos Cauca hacia el norte y Patía al sur, es el eje estructural de un desarrollo longitudinal propiciado por sus características geomorfológicas, ecológicas y su potencialidad agropecuaria. Esto confirma la tradición histórica de ocupación de áreas que presentan una oferta ambiental accesible y un fácil proceso de apropiación y transformación del paisaje con fines productivos. Este patrón de ocupación ha dejado una profunda huella sobre la selva neotropical inferior de estos valles, lo que ha propiciado la pérdida casi total de la vegetación natural en el Patía y en valle del río Cauca, impactando negativamente las características ambientales de estas cuencas. En estos valles los procesos erosivos generados por las actividades de ganadería extensiva y agricultura asociada con actividades extractivas han transformado el paisaje y generado la pérdida de importantes áreas de cobertura natural, reduciendo la vegetación a bosques de galería y dando paso a extensos pastizales. Las especies vegetales representativas de estas fitocenosis son cachimbo (Erythrina poeppigiana), guásimo (Guazuma ulmifolia), matarratón (Gliricidia sepium), guadua (Guadua angustifolia), gualanday (Jacaranda caucana), chiminango (Phitecellobium dulce), cañafístola (Cassia grandis), higuerón (Ficus glabrata), mestizo (Cupania americana), sauce playero (Tessaria integrifolia), ceiba (Ceiba pentandra), saman (Phitecellobium saman), carbonero (Calliandra pittieri), mortiños (Miconia sp), vainillo (Senna spectabilis), guayacán (Tabebuia sp), mano de oso (Schefflera morototoni), pendo (Citharexylum sp), chambimbe (Sapindus saponaria), árbol del pan (Artocarpus altilis) y totumo (Crescentia cujete).

De acuerdo con Holdridge (1978) en la selva neotropical inferior se identifican las siguientes zonas de vida: bosque húmedo tropical (bh-T), bosque muy húmedo tropical (bmh-T), bosque seco tropical (bs-T) y bosque muy seco tropical (bms-T). En el Cauca el bs-T se localiza en los alrededores de Santander de Quilichao, Puerto Tejada y valle del Patía; el bms-T se puede encontrar entre las poblaciones de Patía, El Estrecho y el río Patía y la zona de vida bmh-T se presenta en una franja costera comprendida entre Guapi y Puerto Merizalde, así como en la región insular de Gorgona y Gorgonilla.

La selva subandina

También denominada selva de tierra templada está ubicada según entre 1000 y 2400 msnm, con precipitaciones que van de 4000 a 1000 mm anuales y temperaturas de 23 a 16 oC (Cuatrecasas 1958). Esta formación tiene gran importancia por ser el encuentro de la selva neotropical con las formaciones andinas, una transición de los ecosistemas cálidos a los fríos. En su patrón fisionómico la estructura de la selva subandina presenta menor porte y desarrollos adaptativos del sistema radical (raíces zancos) y un mayor desarrollo del estrato herbáceo y arbustivo que el alcanzado en la selva neotropical inferior. Las plantas representativas de esta formación son aguacatillo (Persea sp), angucho (Bejaria aestuans), arrayán (Myrcia popayanensis), balso (Ochroma pyramidale), cachimbo (Erythrina poeppigiana), cafetillo (Lacistema aggregatum) carbonero (Calliandra pittieri), cascarillo (Labenbergia oblongifolia), caspi o manzanillo (Toxicodendron striatum), caucho (Ficus sp), cucharo (Myrsine guianensis), dulumoco o moquillo (Saurauia sp), encenillo (Weinnmannia sp), floramarillo, (Tecoma stans), estoraque (Styrax sp), gallinazo (Roupala sp), guadua (Guadua angustifolia), guamo (Inga sp), guayabo (Psidium guajava), guayacán amarillo (Tabebuia chrysantha), guayacán rosado (Tabebuia rosea), guayacán de bola (Lafoensia acuminata), jigua amarillo (Nectandra sp), jigua negro (Cinnamomum cinnamomifolium), mandur (Vismia ferruginea), mano de oso (Schefflera morototoni), mayo (Meriania spectabilis), mortiño (Miconia sp), nogal (Cordia alliodora), palo bobo (Heliocarpus americanus), quina (Cinchona sp), sangregado (Croton sp), surrumbo (Trema micrantha), vainillo (Senna spectabilis) y yarumo (Cecropia caucana). Una de las especies con más valor ambiental, económico y cultural en la región es el roble (Quercus Humboldtii), especie bastante afectada en la meseta de Popayán por la acción antrópica, encontrándose algunos relictus protegiendo los cauces de los ríos Cauca, Robles, Timbío, Palacé, Blanco y Piendamó. En la región subandina el roble se localiza actualmente entre los 1700 y 1900 msnm en los municipios de Popayán, El Tambo, Timbío, Totoró, Cajibío y Piendamó (Lozano y Torres 1974).

Ambientalmente la selva subandina presenta diferentes niveles de antropización, dada su localización y oferta para los procesos agrícolas y, específicamente, para el cultivo del café. La presión por suelos y agua y la interacción entre los desarrollos rurales y la consolidación de los campos agrícolas y ganaderos han acentuado procesos erosivos y pérdida de horizontes orgánicos, así como potenciado la contaminación de los cauces naturales tanto por desechos de las áreas urbanas de la poblaciones rurales como por el arrastre y lixiviación de insumos agrícolas ricos en nitrógeno y fósforo, favoreciendo la eutroficación de los ecosistemas lóticos en su recorrido medio y bajo. La agricultura de ladera desarrollada, principalmente, en cultivos limpios de yuca, maíz, frijol, plátano y café requiere alternativas de gestión agroecológica que propicien la restauración de estos ecosistemas y la sostenibilidad de los procesos productivos, sobre todo porque esta región es la que sustenta la economía agropecuaria del departamento.

De acuerdo con Holdridge (1978) en la región subandina caucana se encuentran cuatro zonas de vida: bosque húmedo premontano (bh-PM), con una precipitación entre 1000 y 2000 mm y una provincia de humedad húmeda; bosque muy húmedo premontano, con 2000 a 4000 mm (bmh-PM) y provincia de humedad perhúmedo; bosque pluvial premontano (bp-PM), con precipitaciones mayores a 4000 mm y provincia de humedad superhúmedo; y el bosque seco premontano (bs-PM), con precipitaciones entre 500 y 1000 mm y una provincia de humedad subhúmedo.

La formación de bosque húmedo premontano (bh-PM) se localiza en los alrededores del Tambo, Rosas, Popayán, entre Santander de Quilichao y Pescador, en el municipio de Caldono y en, términos generales, a lo largo de los repliegues andinos que limitan el bosque seco tropical (bs-T) de los valles del Cauca y Patía. El bosque muy húmedo premontano (bmh-PM) se encuentra en la zona de Tunía, Piendamó Timbío, Cajibío, Toribío, La Sierra, algunas lugares del valle de Pubenza, y las pequeñas depresiones o gargantas que reúnen las aguas del río Timbío, Quilcacé y Esmita. Sobre la Bota Caucana esta zona de vida se localiza desde Santa hasta Yunguillo y Condagua, sobre la cuenca del río Caquetá .

El bosque seco premontano (bs-PM) está localizado en cuencas interandinas con terrenos fuertemente inclinados, mesetas planas y grandes cañones sobre la vertiente occidental de la Cordillera Central en la cuenca hidrográfica del río Patía. Un ejemplo representativo de esta zona de vida es la meseta de Mercaderes.

Selva andina

Esta formación, también denominada selva de tierra fría, está ubicada entre 2400 y 3800 msnm y presenta temperaturas que van de 16 a 6 oC y precipitaciones que pueden oscilar entre 1000 y 4000 mm. En esta formación la disminución en porte y talla de los árboles a medida que se gana en altura se hace evidente como adaptación evolutiva en respuesta a las condiciones de temperatura y radiación. Las hojas son generalmente pequeñas, tomentosas y coriaceas. Los indicadores ambientales característicos de la región andina son los helechos arbóreos asociados al bosque; un alto grado de epifitismo ejemplificado en la abundancia de briofitos, bromelias y orquídeas; la dominancia de especies como encenillos; el gran desarrollo en los estratos arbustivos y herbáceos; y una gran cobertura del suelo formando espesos colchones de musgos, líquenes y helechos. Las plantas representativas de esta formación son aliso (Alnus acuminata), canelo (Drimys sp), cedro negro (Juglans neotropica), chusque (Chusquea sp), roble (Quercus humboldtii), encenillo (Weinmannia tomentosa), estoraque (Styrax sp), gallinazo (Roupala sp), galvis (Senna spectabilis), guarango (Mimosa quitensis), lechero (Euphorbia laurifolia), laurel (Ocotea sp), laurel de cera (Myrica pubescens), niguito o pandaré (Miconia versicolor), palma de cera (Ceroxylon quindiuense), pino colombiano o pino romerón (Retrophyllum rospigliosii), siete cueros (Tibouchina lepidota) y tagua (Gaiadendron punctatum). Una de las plantas extraordinarias de esta formación es la palma de cera (Ceroxylon quindiuense) que domina los paisajes en algunas localidades del nororiente caucano como Santo Domingo y López, en el municipio de Toribío.

Según Holdridge (1978) en esta formación se encuentran las siguientes zonas de vida en el Departamento del Cauca: (a) bosque húmedo montano bajo (bh-MB), con una precipitación entre 1000 y 2000 mm, perteneciente a la provincia de humedad húmeda. Ocupa una franja entre 2000 y 3000 metros de altura y una temperatura entre 12 a 18 C. Ejemplos de esta zona de vida en el Cauca son Silvia, Totoró, Coconuco y los límites del Cauca y Nariño, al sur de la cabecera municipal de Bolívar; (b) bosque muy húmedo montano bajo (bmh-MB), con una precipitación entre 2000 y 3000 mm; pertenece a la provincia de humedad perhúmeda. Se ubica entre 2000 y 3000 metros y tiene una temperatura media aproximada entre 12 a 18 C. Estas características se encuentran en la zona nororiental del municipio de Paéz, hacia el sur-occidente de la población de Inza, en Toribío, sobre la vertiente occidental de la cuenca del río Caquetá y en una franja de norte a sur en la vertiente oriental de la Cordillera Occidental; (c) bosque pluvial montano bajo (bp-MB), con una precipitación superior a los 4000 mm; pertenece a la provincia de humedad superhúmeda y está ubicado a una altura entre 2000 a 3000 metros, con una temperatura entre 12 a 18 C. Algunos ejemplos de esta zona de vida existen sobre la vertiente occidental de la Cordillera Occidental, definiendo su ápice. Contribuyen a estas características la influencia de los vientos superhúmedos que ascienden desde al andén Pacífico o selva neotropical. También se encuentra en el municipio de Argelia, en las nacientes del río Micay. En la región amazónica esta zona de vida se localiza en la parte alta del municipio de Santa Rosa, en la media Bota Caucana, cerca de la localidad de San Juan de Villalobos, y en la parte alta del municipio de Inzá.

Formaciones de páramo
Ascendiendo en las cordilleras se encuentra la región paramuna, franja localizada entre el bosque altoandino y la zona nival, que se caracteriza por disminuir de forma ostensible la vegetación arbórea, predominando la vegetación herbácea y arbustiva en la que se destacan los frailejones. La temperatura media en los páramos oscila entre –2 y 13 C. El límite inferior del páramo en el Cauca fluctúa entre 3250 y 3900 metros, relación que está influenciada por las condiciones locales de temperatura, pluviosidad, frecuencia de nieblas y protección a los vientos. Un factor limitante para el desarrollo de la vegetación arbórea en la región paramuna es la temperatura media del suelo, menor a 7 C, pues por debajo de estos valores los árboles están generalmente ausentes. Esta característica contribuye a definir el límite de una franja ecotonal entre la selva andina y el páramo.

Vistenos a la siguiente dirección: http://gea.unicauca.edu.co


 
   

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