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En la región del Cauca, encontramos impresionantes contrastes de colores en los atardeceres



Práctica Cultural
  Popayán: Vida Social de la Colonia - Segunda Parte 
Agosto 07,04
Autor: Oscar Tobar Gómez M.D.   
 
 

Las costumbres y fiestas del coloniaje en la Gobernación de Popayán. Continuación


FIESTAS, AGUINALDOS Y BANQUETES DE AÑO NUEVO

El descubrimiento de las Indias produjo la más grande revolución no solo en España sino en todo el Viejo Mundo. Las costumbres castellanas unidas a la ancestral forma de vida del aborigen, produjeron una condición muy particular donde se mezclaban los atavismos del blanco con la herencia tradicional del indígena tanto en sus ceremonias y fiestas populares o religiosas, como en la cocina, juegos, estilos de conducta, inclinaciones y etiqueta.

Todas estas manifestaciones culturales se ponen de presente especialmente en las fiestas populares y religiosas del mes de diciembre, en ellas aflora todo el tradicionalismo de la herencia indígena y española de nuestros antepasados, especialmente en la confección de los alimentos y viandas para los festejos como veremos enseguida.

La cocina española precolombina, estaba basada principalmente en diversas carnes de cordero, pescados, cerdo, aves guisadas y preparadas con especies.

Luego los huevos con los que se preparaba la famosa tortilla a la española y las pastas. Esta cocina se enriqueció con el maíz, el arroz, la papa o patata, el pavo, el conejo, el cuy, el pimentón, el chocolate etc, de tal forma que la formula de la cocina criolla fue la cocina indígena además de la cocina española y en este caso no podemos decir hispano-indígena sino indo-hispana pues como veremos es el nombre indígena de esta cocina mixta, el que se pone de manifiesto especialmente en los banquetes del “Nacimiento” y “año Nuevo” en los meses de diciembre y enero de todos los pueblos de la América Hispana y en especial en el Cauca.

Las comidas españolas que tuvieron predicamento, copiosas y largas, como las descritas por Don Quijote en las bodas de Camacho, o las que anota la Lozana Andaluza van a aumentar el caudal de la cocina indígena y son los ajíes y los guisos con diversas carnes y pescados los que dan el color nativo a la tradicional castellana.

Si los banquetes y las comidas españolas fueron pantagruélicos, los del
Cauca, Popayán, Santiago de Cali y en general de la Nueva Granada en la época colonial, tenían características de verdaderos atentados a la salud.

Un banquete consumido por nuestros abuelos en las llamadas fiestas de
aguinaldos y populares estaba constituido por caldos, guisos diversos,
asados y cocidos de carne y vísceras de cerdo y de res, pescado fresco frito asado o cocido, pescado seco, ajíes variados, gallinas asadas, fritas o cocidas con especies, pavos rellenos, conejos y cuyes asados, pastas, frutas, dulces de toda variedad, vinos dulces, secos, tintos, blancos, aguardiente, chicha de piña o de maíz y guarapo de caña de azúcar.

La alimentación ordinaria estaba constituida por maíz, papa, yuca, carne de animales domésticos y de monte, ullucos, frijoles, plátano, pan, arroz, batata, arracacha, chocolate, agua de panela y miel de abejas. Entre los platos de consumo diario con nombre propio deben mencionarse; el sancocho, cocido de papa, yuca y mazorcas de maíz, aderezado con carnes de gallina o de res, Locro, sopa de papa, yuca, arracacha y maíz tierno con carne de pavo chumbipe o gallina, sango o cus Cus cocido de maíz molido con yuca y papa, petú o mazamorra de maiz amarillo, sachaporoto, cocido de frijoles de árbol con masas de maíz tierno o choclo, chuya o mazamorra de maíz blanco,
capioca o sopa de maíz tostado, cauncha, maíz tostado molido y mezclado conpanela, azúcar o miel de abejas, chocolate, infusión preparada con cacao,canela, clavos de olor, azúcar, miel o panela, Quesos de leche de vaca, cabra y oveja, pan de harina de trigo y de maíz, chulquin, cocido de cogollos tiernos de cañabrava, harina de yuca y picantes, carantanta , sopa de tortillas de maiz añejo muy delgadas y endurecidas al fuego en callanas o cazuelas de arcilla cocida, se le agregaba papa, verduras y ajo en abundancia, empanadas de pipián, pequeñas tortillas fritas de maíz añejo con
guiso de papa y maní tostado y molido, Pipián, guiso de papa con carne de animales domésticos en pequeños trozos aderezado con maní, ajo, tomate y cebolla, champús, picadillo de piña y lulo, con granos de maiz capio cocido, melado de panela y hojas tiernas de naranjo agrio, Tamales de papa, envueltos en hojas de plátano con delicioso pipián, carne de cerdo, res o gallina, masa de maiz añejo con aderezo de “hogao” de ajo, cebolla, tomate y especies, cada región tenia y tiene su forma muy particular de confeccionar este plato muy difundido en fiestas y agasajos populares, los tamales y empanadas de pipián han dado nombre muy especial a la cocina payanesa, tanto que reza el refrán “empanadas de pipián solo las de Popayán”, uchuyaco,
caldo de piña con hojas picadas de lechuga fresca, morocho, maíz duro molido y fermentado en melado de panela, se preparaba y aún se prepara unas bebidas refrescantes que en ocasiones servían para embriagarse, chicha de piña, melado de panela y cortezas de piña que al fermentarse producen una refrescante bebida a la que se le agrega limón y clavos de olor, también se prepara con maiz molido y fermentado en melado de panela. Guarapo,
fermentado de jugo de caña de azúcar.

En las vegas del Cauca, en el valle del Patia o en las faldas de la
cordillera, ocasionalmente se cazaban patos, venados, guatines, puercos de monte, pavas y torcazas collarejas, cuya carne era muy apreciada por su delicadeza y lo mismo llegaban a las señoriales casonas de la ciudad para festejar en los blancos manteles de los hidalgos, que en las humildes viviendas de las gentes de llana condición.

En cuanto a los dulces los había de todas las frutas y leches con huevos, panela, chocolate, coco, maní y los famosos desamargados de las cortezas de frutas ácidas y de las mismas frutas se confeccionaban helados llamados de paila, que se enfriaban y conservaban con la nieve traída a lomo de mula, desde el cercano Volcán Puracé.

No faltaba en el comedor, en el puesto del señor de la casa, el larga vida, mezcla de aguacate maduro con maní tostado y molido revuelto con panela rayada, considerado potente afrodisíaco era también consumido por la dueña de casa a escondidas, una variante del larga vida era el chontaduro maduro cocido y miel de abejas, que aún se consume en las esquinas de nuestra ciudad como comercio informal, de gran aceptación popular.

Entrado el mes de diciembre las familias confeccionaban la llamada
“Nochebuena”, una gran bandeja de dulces que se entregaba antes del 24 de diciembre en las casas de vecinos y parientes constituida por manjar blanco, dulces de piña y papaya, brevas en almíbar, desamargados de limón y toronja, natilla, buñuelos, hojaldras y rosquillas que se obsequiaban a los invitados en el desarrollo de la novena de aguinaldos y hasta los primeros días del mes de enero.

Generalmente en estas fiestas del mes de diciembre o de aguinaldos se
realizaban las famosos “fandangos” con fenomenales “lechonas” o asados de cerdo preparados con esmero, donde se ofrecía la piel del animal tostada y su carne asada con trozos de papa y yuca cocida, plátano verde frito tacado y refrito, envueltos de maíz blancos y amarillos, ají de maní, de piña y de cebolla y la solicitada “rellena y asadura” o sea las vísceras y sangre del animal cocidas, adobadas y fritas, todo ello entre sonoras “chirimías” guitarras, tiples, panderos y tamboras en medio del jolgorio del pueblo que bailaba el “bambuco” mientras hacían grandes libaciones de chicha, aguardiente o guarapo, los bailes africanos de los esclavos negros quienes participaban desde lejos de la alegría de sus amos blancos, mismos que bailaban la contradanza y el apenas aceptado bambuco con cierto recelo, mientras brindaban con vinos generalmente importados que llegaban a la
hidalga ciudad vía Cartagena de Indias, todo ello enmarcado en el rezo de la “Novena” que se iniciaba el 16 de diciembre y se celebraba en los “pesebres” o “nacimientos” de los hogares de familias pudientes quienes competían para mostrar los más bellos motivos en sus pesebres, donde se derrochaba ingenio para hacer de cada cual, el más hermoso. Han sido famosos los pesebres de las iglesias de Santo Domingo, San Agustín, La Ermita, El Carmen, La Encarnación y en la época republicana los de las familias, Rojas, Álvarez Garcés, Ayerbe Chaux, Guevara, Grueso Vejarano, Paz Rebolledo, Paz Bonilla,
Pérez, Infante, Chaux Navas, Rojas Tobar, López Pardo, Delgado Iragorri, Nates Ramos, Ángel Chaux y Fernández Ibarra. En la época colonial y principios de la republica las familias más pudientes se turnaban en el gasto diario del ágape de la novena y el fandango posterior a la misma, que a veces se prolongaba hasta bien entrada de la madrugada payanesa, dependiendo de la generosidad del anfitrión en el consumo conspicuo de bebidas embriagantes.

Las fiestas más importantes de la época se celebraban el 24 y 28 de
diciembre y el 5 y 6 de enero, llamadas “El Nacimiento”, “Los Santos
Inocentes” y “Los Reyes”.

Pero nadie mejor que el eminente historiador payanes Don José María Cordobés Moure, a quien cedemos la pluma, para describir con belleza de estilo estos cuadros de costumbres de nuestra ciudad, plasmados con hermosa prosa en su famosas “Reminiscencias de Santa Fe de Bogota”.

Veamos como narra el magnifico costumbrista las fiestas de fin y principio de año en la ilustre ciudad.

-24 de Diciembre.

“Era el 24 de diciembre de 1.791 y todos, desde el opulento patricio hasta el humilde artesano, lo mismo que las damas de alta alcurnia y las afamadas ñapangas se aprestaban a celebrar la nochebuena, que es sin disputa, la festividad que alcanza mayor popularidad en la cristiandad, pero especialmente en el Cauca.

Apenas sonaba en Popayán la última campanada de las doce del día en la Torre del Reloj, daban principio las idas y venidas de las negras esclavas, vestidas de camisa bordada que dejaba al descubierto el busto y los brazos, con faldas y mantilla de bayeta de colores vivos, zarcillos vistosos, descalzas, pulcras, dejando tras sí un ambiente de albahaca y quereme, plantas que aromatizaban sus ropas, conduciendo en bandejas de plata cubiertas con servilletas de alemanisco blanco como la nieve, los manjares de nochebuena que se obsequiaban mutuamente los popayanejos: Dorados buñuelos para empapar en transparente almíbar con cristalinos cascos de
limón verde y manjar blanco, amen de las empanadas rellenas de pescado y suculento guiso, capaces de reventar vivos y resucitar muertos y el popular uchuyaco cuyos principales componentes son el caldo de piña con hojas de lechuga fresca.

Desde la seis de la tarde se encendían luminarias en las puertas y ventanas de las casas y tiendas, que daban alegre aspecto a las calles. Ya en estos momentos las recorrían grupos bulliciosos cantando bambucos y otros aires nacionales acompañados de tiples, guitarras, chirimías y panderos, que entraban dondequiera que se podía improvisar el fandango.

Se suspendía este para ir a la misa de las doce de la noche y continuaba el baile hasta que la aurora sorprendía a los danzantes dando remate a las famosísimas empanadas de pipián que ya se podían comer sin reato de conciencia, porque se navegaba en pascua de navidad”.

-28 de Diciembre.

“ Desde el 28 de diciembre día de los santos inocentes hasta el martes de carnaval en Popayán, imperaba la costumbre de hacer pegaduras ,o lo que es lo mismo chascos o inocentadas; pero algunas tan de lienzo gordo, que había personas a quienes ahuyentaba de la ciudad la sola idea de quedar expuestas a ser victimas de burlas tan pesadas. Todos vivían, durante aquellos días en alerta para escapar del chasco, o con el fin de retornarlo.

Ofrecía alguien un cigarro en lujosa tabaquera ¿. El cándido que aceptara corría el peligro de quedar toda su vida cuando menos tuerto, porque el cigarro era un torpedo que estallaba al ponerse el fuego en contacto con la pólvora de que estaba relleno.

Os invitaba un amigo a tomar un trago¿. Pues había la seguridad de que al beberlo se saboreaba algo nocivo o desagradable, como agua salada, jugo de limón o amoniaco humano. Os presentaban un pan o un biscocho provocativo¿. Al morderlo se os enredaba en los dientes el algodón que ocupaba el lugar de la miga. Os invitaban a que aceptarais una tasa de espumoso e incitativo chocolate¿. ¡ Guay de aquel que lo probara, pues de seguro tragaría oculto emético que lo pondría en apuros a lo mejor del tiempo.

Veíais una ñapanga aparentemente candorosa, que brindaba cajetillas de masa de harina frita, llenas de caspiroleta con polvos de canela en la
superficie ¿Debíais de huir de la sirena que os atraía, porque la golosina era confeccionada con crema recogida en los pañales de algún angelito en la lactancia.

¡ Desgraciado de aquel que aceptara rapé ofrecido por algún personaje de grave apariencia, porque el polvo de pimienta que aspiraba mezclado con el tabaco, lo haría estornudar indefinidamente¡.
Y a cada chasco que se hacia con buen éxito, estallaban en carcajadas los circunstantes y se restregaban las manos en prueba del placer que experimentaban , sin que las victimas tuviesen otro recurso que el de imitarlos con fingida hilaridad, pues a quien se enfadara se le enloquecía con repetición de bromas, aún más pesadas si cabe.

Aquellos fueron los buenos tiempos en que romanos y cartagineses,
encabezados por los Generales José María Obando, José Hilario López, por los Mosqueras y Arboledas, daban tregua a los ardientes días de nuestra agitada política para jugar el carnaval”.

-Cinco y Seis de Enero

“El cinco de enero a la hora de nona como dirían los antiguos romanos se daba principio a los preparativos para divertirse, y antes de que las
sombras de la noche envolvieran a Popayán, se encendían las luminarias en la ciudad invadida por mojigangas ridículas, tiznadas las caras, por lo que se les llamaba los negritos. El hecho de tomar parte activa en la diversión era como patente de corso para ejecutar locuras y liviandades.

No se concibe que un pueblo tan inteligente y espiritual como el de la
patria de Caldas, de Camilo Torres y de tantos otros hombres ilustres, se entregara a las licencias de que se hacía alarde en aquella saturnal.
Algunos disfrazados de a caballo, llevaban en ancas muy guapas chicas, que figurarían con brillo en el barrio de Triana de Sevilla, libando en las tiendas en donde se expendían licores, vertiendo frases picantes que desbordaban de malicia, todo los cual obligaba a los moradores pacatos a permanecer en sus casas, mientras pasaba el chubasco en que sucumbían incautas victimas.

El Padre Cenarruza de la Compañía de Jesús, que salió a una confesión en la noche de negritos, el año de 1.849, volvió aterrado a la casa de la
Compañía, exclamando escandalizado: ¡ Vengo del infierno¡.
Es probable que los excesos de esa noche de alegre zambra, influyesen para que en la base de la cruz que hay al pie de la colina de Belén se esculpiera esta inscripción. “ Un Padrenuestro y Ave María, para que no sea total la ruina de Popayán”.

El seis de enero amanecía de gala Popayán, con el fin de celebrar la Fiesta de Los Reyes en cuyos preparativos trabajaban sus habitantes con un mes de anticipación, dirigidos por el maestro, sastre y sacristán José Usuariaga, alias el Timanejo. En la tierra de Pubenza todo el mundo es conocido por algún apodo, sin el cual nadie acertaría con la persona que busca.

No rezan las historias la causa por la cual se llamara con el apodo indicado al maestro Uzuriaga, es de presumirse que si no era oriundo de la villa de Timaná, si lo sería del Tolima, a cuyos habitantes se llama en PopayánTimanejos.

Y no se crea que es asunto baladí dejar bien comprobados los antecedentes del Timanejo, porque según veremos en esta crónica, nuestro hombre tenía tanta importancia como los dictadores Mario y Sila en los tiempos más sangrientos de la antigua Roma.

Falta a la verdad quien diga que en Colombia nunca se soportó la dictadura de un hombre, porque ahí esta el maestro Usuriaga para desmentirlo.

En efecto desde el primero de diciembre hasta el quince de enero siguiente, tiempo en que tenían principio y fin los trabajos para la fiesta de Los Reyes, el maestro Uzuariaga disponía de la hacienda de los ciudadanos, sin que ninguno dejara de cumplir sus mandatos, porque se trataba de la gran diversión que cada año saca a la ciudad de su quietud habitual.

El principal espectáculo consiste en un drama con las mismas peripecias que debieron ocurrir a Los Tres Reyes Magos en su largo y penoso viaje, y a Herodes , por lo cual la atención de Usuriaga se contraía a preparar el suntuoso equipaje de los viajeros, a la consecución de brigadas caballar y mular en que debían montar los numerosos actores y llevar las cargas, al arreglo de los vestidos de los diferentes personajes y por último a dar las indicaciones conducentes a la construcción del teatro en que había de representarse el drama.

El maestro José lo dijo, Usuriaga lo exige, el Timanejo lo desea, etc, etc,
eran las frases que se oían a los payaneses en la fiebre de diversión que los dominaba en esos días.

Respecto de los artistas, no había lugar a preocuparse por ellos, porque a todos les venía por derecho hereditario el papel que habían de desempeñar.

Consecuente con las costumbres de la ciudad más aristocrática del país, el Timanejo exigía a cada uno según su posición social, los diferentes servicios para el buen éxito de la fiesta. Así por ejemplo: al Obispo le correspondía suministrar el caballo blanco con los cascos dorados para el ángel conductor de la estrella, guía de la comitiva; a las familias notables, los caballos con cascos plateados para los embajadores y los reyes; a los hacendados, las mulas de cargar los equipajes; a los artesanos su concurso en la construcción del teatro; a las tenderas los objetos destinados al presunto servicio de los personajes; a las vivanderas, el fiambre para los viajeros y a las ñapangas caracterizadas, los monos, loros, y otros animales raros que van sobre las cargas dando aspecto cosmopolita y fantástico a la cabalgata.

A las doce del día se reúnen en la plazuela de San Francisco, como por
casual coincidencia, los tres Magos con su respectivo séquito, de allí
diputan los embajadores vestidos con uniformes utilizados por los
diplomáticos, con el fin de impetrar de Herodes el permiso para pasar por sus dominios.

(Y así se inicia todo el drama bíblico tan conocido, en forma pintoresca,
con la participación de toda la comunidad en una gran fiesta popular).

Pero que tiene que ver el Timanejo con Herodes el ascalonita¿. Nos
preguntaran los que lean esta historia.

Mucho y bueno, les contestamos, y si no, aquí va la prueba.

El maestro José Usuriaga llego a persuadirse de que era el mismo Herodes en carne y hueso, como representante autorizado en el drama popular o auto-sacramental de los magos en busca del Niño Dios para adorarlo, drama que ajustado en lo posible a la verdad histórica, se representa en el teatro levantado provisionalmente en la esquina sureste de la plaza principal de Popayán, de manera que las monjas del convento de la Encarnación gozaban del espectáculo por entre las celosías que les permitían ver sin ser vistas.

Después de que los magos descienden de este primer escenario toman el camino de la Ermita de Belén, con todo su séquito y el gran concurso del pueblo que los rodea, saludando a la multitud profundamente penetrada del sacro tema y a las ilustres damas payanesas que honran a la real comitiva con su presencia, en los balcones y ventanas de las casas.

El Timanejo era de complexión robusta, de mediana estatura, cejijunto, con ojos negros de mirada sombría, la cabeza redonda cubierta de oscuros y abundantes cabellos crespos, de nariz arremangada, debajo de la cual surgía espeso mostacho corto y un tanto erizado. Todos sus ademanes respiraban la dignidad real de que se creía investido y hasta en el acto de tomar las medidas del cuerpo para hacer un vestido o en los demás manipuleos peculiares a su oficio de sastre, afectaba posturas académicas y recitaba versos del drama, con tal vehemencia que el parroquiano llegaba a creer que su vida corría peligro; pero pasado el ímpetu del entusiasmo aparecía la realidad personal del bueno y excelente maestro José Uzuariaga (q.e.p.d.).
Muerto hacia el año de 1.884.

Talma, Garrick y Lemaitre se quedarían en pañales al lado de nuestro
Herodes, revestido de túnica negra y gorro frigio, echando espumarajos de furor, amenazando al cielo y a la tierra, vociferando como un poseso al dar la orden de degüello, enseñando los puños y la daga al entusiasmado auditorio, pateando sobre el escenario con tal coraje, que las madres que presenciaban el drama con sus hijos en los brazos, salían huyendo antes de que se hicieran efectivas las amenazas; y llorando en fin, como una criatura por su atrocidad suprema, constante remordimiento de su vejez, el asesinato
de su admirable mujer, que el acostumbraba dejar ordenado siempre que su vida corría peligro.

Pero el colmo trágico del maestro Usuriaga consistía en arrojar al pueblo
la corona y el cetro al mismo tiempo que decía:

No quede el cetro en mi mano
De mi escarnio documento;
Afuera púrpura y pompas,
Fuera caducos reflejos.
Agüeros de mi desdicha,
De catástrofes señuelos¡
No ciña un momento más
Mi frente el quemante peso,
De esta corona, que hoy solo
Significa vilipendio:
Espumas de onda fugaz
Que en su cresta bordo el viento,
Caprichos de nieve y sol,
Memorias de un rey de sueño¡

Y como dichas prendas eran de alfeñique dorado, al caer se convertían en menudos pedazos, de los que no se perdía ni una miga, porque los muchachos acudían en tropel a recogerlos.

Terminada la ceremonia de la adoración en la ermita, descienden los
protagonistas de la fiesta a recibir las ovaciones del publico. Aquel es el
día escogido para obsequiarse mutuamente el Regalo de Reyes que consiste en frutas heladas, salpicón de exquisitas granadillas de quijo, chirimoyas, tan deliciosas como el manjar blanco, el clásico champús y las sabrosas variedades de la repostería popayaneja que no tiene superior en el mundo, y quien lo dude, procure llegar a tiempo a alguna de las casas de cualquiera de las familias de la ciudad en estas fiestas, o si no a los hogares de las familias que de la capital del Cauca emigraron a Bogotá, y si no se chupa los dedos, será porque es manco¡.

Al caer la tarde regresa el Timanejo ya copetón por los tragos de
aguardiente, chicha o guarapo que el pueblo entusiasmado brinda a los
consumados actores, sigue enfundado aún en su soberbio y real atavió
caracterizando al ascalonita Rey Herodes; su madre, una humilde mujer de raza mestiza vende champús a los transeúntes en la puerta de la humilde morada, el Timanejo, el Maestro José Usuriaga, noble rey por mandato popular y tradición payanesa, indignado y borracho, de un soberbio patadón hace rodar mesa, vasos, ollas y champús por el suelo ante la mirada estupefacta de su madre, al tiempo que exclama enardecido, ¡ EN LA CASA DE UN REY NO SE VENDE CHAMPÚS ¡¡¡¡¡¡.

OSCAR TOBAR GÓMEZ ,MD.


 
   

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