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En la región del Cauca, encontramos impresionantes contrastes de colores en los atardeceres



Historia
  La Universidad en Popayán: Historia, presencia y patrimonio 
Septiembre 20,04
Autor: Hernán Otoniel Fernández   
 
 

Una remembranza de la Universidad del Cauca desde la óptica de uno de sus ex-rectores


LA UNIVERSIDAD HIJA DE LA INDEPENDENCIA

Tan solo 17 años después del Grito de Independencia de 1810 ocurrió la fundación de la que entonces se llamó Universidad del Tercer Distrito. Popayán vió así hecha realidad la idea de poseer una universidad, anhelo que se había manifestado desde 1745.

En los ocho años siguientes al triunfo de Boyacá, El Libertador-Presidente de la Gran Colombia, ex - Nueva Granada, ex – colonia española, anduvo buscando la libertad por todo el continente, con su ejército de venezolanos, colombianos y ecuatorianos que no sabían que se llamara así, porque se trataba de independizar a toda la parte nor-occidental de América del Sur. Entre todo, en Bogotá, ex – Santa Fé, comenzaba a fundar una República, juntando cenizas, el General Francisco de Paula Santander, Vicepresidente encargado del poder ejecutivo y representante de lo que se llamaría Colombia en el Parnaso de los primeros héroes latinoamericanos. Santander, tan calumniado por los que lo desconocen, sacaba recursos de donde no los había, e iba fundando las instituciones que nos harían libres. No me refiero tanto al Congreso y demás cuerpos colegiados, que en esos albores eran polémicos y trabajadores, sino a las instituciones educativas, que él patrocinó con énfasis. La Gran Colombia se fue llenando de escuelas primarias, colegios de educación media y centros de formación superior, todo en desarrollo de las ideas pedagógicas libertarias de Simón Rodríguez, Andrés Bello y Alejandro de Humboldt, los inspiradores del Libertador y sus colaboradores, en este campo.

A este hombre receptivo y consciente, el General Santander, llegó la solicitud que la ciudadanía de Popayán hizo en 1826, para que aquí se fundara una universidad. La petición fue acogida y el 11 de noviembre de 1827, se firmó aquí, en sencillo recinto, el Acta de fundación. Los Padres de la Patria, Bolívar en campaña permanente comunicación con Santander, durante esos ocho años febriles y fértiles que corrieron en 1819 a 1827, obraron de acuerdo y dotaron a la nueva universidad de varios bienes inmuebles, entre ellos del claustro, varias veces centenario, que antes había servido de convento. Por eso hoy un aula que se llama Capilla de Fundación de la Universidad del Cauca: allí decían y oían misa los dominicos, sin pensar que sucesos poco imaginados en su encierro, lo convertirían en recinto para otra clase de discursos, y en este segundo siglo, para toda clase de discursos.

GLORIOSO ANTECEDENTE, EL SEMINARIO

La Universidad del Cauca tuvo en el período colonial un antecedente de categoría en el Real Colegio Seminario, sostenido por los padres jesuitas. La primera de las generaciones de payaneses que pasaron por él se distinguió por dar un resultado estupendo: los conocimientos impartidos fueron asimilados por ellos y se convirtieron en figuras influyentes y decisivas en varios campos. Buena parte de ellos cruzó el océano y fue a probar suerte a Europa, con muy buen resultado.

La siguiente generación de jóvenes universitarios payaneses no estaba tanto interesada en gestas personales y aventuras, como en la tarea histórica de liberar a América de la corona española. De esta generación hicieron parte los siguientes mártires: Pedro Felipe Valencia, Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Miguel de Pombo y Francisco Antonio de Ulloa. Todos estudiaron en el Seminario precursor y antecedente de la Universidad del Cauca; todos fueron hombres de su tiempo y de su pueblo. Su sacrificio injuesto y cruel los eleva a un pedestal invisible desde el que observan, vigilantes y curiosos, a sus descendientes de hoy, que son también los que siguen proyectando su ejemplo de universitarios y patriotas.

El lema de la Universidad, “quien ha de morir, que legue su luz a la posteridad”, ellos lo encarnaron admirablemente.

CALDAS EL MAS UNIVERSITARIO

Quiero referirme con mayor detenimiento al que seguramente fue el más universitario de todos: el sabio Francisco José de Caldas, porque su labor fue multifacético y fecunda en los campos de la ciencia que usualmente nos ha sido tan esquivos. La intuición y la disciplina de Caldas asombraron a Humboldt, que era el fruto más depurado de la civilización europea. Cuando lo conoció no podía entender, a así lo consignó en sus memorias, qué hacía en estas breñas de América un talento investigativo de su categoría, y cual hubiera sido su proyección si su vida se desenvolviera en Europa, donda ya había buena receptividad y estímulo para estas labores. Caldas era un incomprendido en la ciudad en donde vivió y creció. Una desgracia lo convirtió en el hazmerreír de sus coterráneos, que no veían en él al genio sino al pobre hombre de las desventuras económicas y familiares. Era la Popayán aldeana de la época: pero así y todo, con su existencia desventurada y solitaria, tratando de ser comerciante itinerante para poder sobrevivir, y a pesar de que Mutis y el propio Humboldt – que tanto lo conocieron, no supieron darle las oportunidades que pedía en silencio, solo con estudio…a pesar de todo esto, fue el primer geógrafo de Colombia, un gran astrónomo y genuino inventor. El deber nuestro ahora, es hacer que Caldas esté en el centro de la cultura de los colombianos. Es indispensable recuperar a Caldas para nosotros y para nuestros hijos y sobre todo para la Universidad y para Colombia. El ejemplo del sabio admirado que desarrolló su labor sin bibliotecas, ni computadores, ni luz eléctrica, muestra cómo una existencia se dignifica y engrandece cuando hay voluntad y propósito.

HUMBOLDT, AGUDO OBSERVADOR

A propósito de Humboldt y Caldas, bien vale la pena referir aquí la impresión que le causaron al sabio prusiano los jóvenes payaneses (entre los cuales había no pocos universiarios). Aún no prendía aquí del todo la tea incendiaria de la libertad y las gentes de la élite se debatían en “una existencia vana”. …Todos soñaban con irse a Europa y acaso tener aventuras cortesanas. Y, mientras tanto, un aristócrata de la más alta categoría, hastiado de las cortes europeas, venía a la América a descubrir este mundo de las ciencias físicas y naturales.

Humboldt escribió: los jóvenes de Popayán son más cultos que los de las villas similares a su propia pequeña ciudad, pero mucho menos de lo que presumen. Solo se salva uno: Francisco José de Caldas, pero, pobrecillo de él, en este ambiente tan impropio para el desarrollo de sus inquietudes. Si hubiera nacido en Europa…

Se puede borrar la fecha que ubica este escrito de Humboldt en hace casi dos siglos, y en su afirmación resulta agudamente contemporánea, en muchos casos, desgraciadamente.

La Universidad del Cauca tiene que poder tomarse ese duelo y, además de prohijar unos estudios sociales adecuados al tiempo en que vivimos, tiene que poder impulsar con toda la fuerza de que sea capaz, y tal como ellos lo merecen, los estudios científicos y tecnológicos, sin irse de un extremo para el otro, porque el hombre es universal y universales son las disciplinas del conocimiento. Y Universidad viene de universo, como la palabra “investigar”, que siendo para nosotros sinónimo de desarrollo y progreso, viene de las palabras latinas “investiquim-ire”. “Ir por la senda del pasado”…

Permítaseme aquí una regresión para recalcar que el esmero por fijar unos criterios de la acción educativa, está en nuestras raíces, en el más honroso antecedente:

No solo de infraestructura, de instalaciones locativas, de recursos naturales, dotaron los Padres de la Patria a la Universidad. La dotaron también de principios, de políticas. El Libertador, en particular, de regreso de la victoriosa campaña del Sur, se ocupó del ámbito universitario de la nueva América que creaban su liderazgo, su genio y su espada. En el quinquenio que va desde 1824 a 1829 promulgó una serie de Decretos, todos relativos a la Educación Superior. El último de ellos lo dictó en Popayán, en nuestra Universidad, el 5 de diciembre de 1829. La institución acababa de celebrar su segundo aniversario de fundación. La disposición presidencial asigna a las universidades un papel definitivo en la dirección de la instrucción pública a todos los niveles, comenzando por una educación universitaria de categoría, que preserve la calidad y busque la excelencia. El celo del Libertador por una educación a máximos niveles, no implicó, en ningún caso, un prejucio de élites: criticó y combatió con ejemplo la falsa idea aristocratizante del ocio y del rechazo al trabajo manual, por impropio de señores.

Sobre el destino profesional de su sobrino Fernando, vale decir, del hijo que él nunca tuvo, fue enfático en declarar que si el Jove se decidiera a “aprender algún arte u oficio, yo lo celebraría, pues abundan entre nosotros médicos y abogados, pero nos faltan buenos mecánicos y agricultores que son los que el país necesita para adelantar en prosperidad y bienestar”.

Esta narración no pede seguir al ritmo en que viene, so pena de retar indebidamente la resistencia de ustedes. Por eso, de ahora en adelante se precipita.

UN SIGLO XIX QUE ENTRÓ HASTA EL XX

A lo largo del siglo XIX la labor de la Universidad siguió su ritmo bienhechor con no pocos altibajos, amenazada esta vez, no por expulsiones de los profesores por motivos de política colonial e intolerancia religiosa, como ocurrió con los jesuitas, sino por atávico problema de la escasez presupuestal. El siglo XIX, como de todos es sabido, entró entre nosotros en el XX hasta la tercera década, cuando se sacudió un poco la sociedad colombiana. En la Universidad del Cauca las cosas no fueron diferentes. Con antelación a ese indispensable cambio, por ejemplo, el estudiante de Derecho, Daniel Gil Lemos, que posteriormente sería un celebrado epigramista y abogado litigante, fue expulsado de la Universidad por recitar en público unos versos que contradecían las ideas políticas y morales imperantes en la época…

RECTORADOS ILUSTRADOS

En la década que termina en el año 30 y pese al opaco contexto nacional de entonces, ocurrieron en nuestra universidad, dos rectorados ilustrados, de acuerdo a la más representativa tradición payanesa: el del historiador José María Arboleda Llorente, de 1925 al 29, y de allí en adelante el del Maestro Valencia. La llegada de Valencia a la dirección de la Universidad era un hecho natural, esperado, dada la trayectoria, la estructuración humanística que había logrado el mayor representante de las letras y la intelectualidad de su tiempo, no solo en Popayán sino en Colombia entera. El Maestro Valencia constituía además el puente vivo, el contacto de la ciudad y de la Universidad con lo mejor del mundo exterior en los ámbitos de la cultura y de la política con mayúsculas. Entre muchos visitantes que vinieron a departir con Valencia y ejercieron de fuente para la avidez de conocimientos de la juventud, se debe a su atracción la presencia en Popayán de portentos que acabaron quedándose, como el gran Baldomero Sanín Cano, quien sería Rector de la institución entre 1940 y 1942.

A Valencia y su respetable familia debemos asociar también otros nombres que dieron lustre y honraron a la Universidad del Cauca, como el del geólogo chileno-alemán Enrique Hubach, cuyo ensayo “El influjo del ambiente en Don Francisco José de Caldas y su trascendencia”, es, expresamente, un homenaje a nuestra institución universitaria. Y también por Valencia, gracias a que teníamos aquí a Valencia, vino a Popayán, el Maestro de América, José Vasconcelos: ensayista, historiador, Ministro de Educación del régimen revolucionario en México, patrono de las artes. Un hombre cuya dimensión de estadista, de pensador y de americanista está plasmada en el lema de la gran Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): “Por mi raza hablará el espíritu”.

Vasconcelos literalmente vivió, durante un largo tiempo, en los predios de nuestra Universidad. Agradecido por la hospitalidad, su salida la hizo por el Sur, recorriendo la ruta de los Libertadores, a caballo. En el camino hizo una de las descripciones de nuestra geografía, más bellas y alentadoras. Su texto sobre las tierras del Cauca y en general del suroccidente de Colombia, es por igual un poema y un programa de explotación de los recursos. Dice al inicio del mismo:”Me fuí con un joven estudiante que la Universidad de Popayán designó para que me honrara acompañándome. Nos fuímos a lo largo de las barrancas y por encima de las cumbres…”

URIBE PIEDRAHITA, RECTOR MAGNÍFICO

El cambio nacional de la década del año 30 trajo a Popayán a un rector magnífico, “rector magnífico” es el título oficial del responsable del principal cargo en la Universidad del Cauca; el reto de cada funcionario hecho al cargo, es ratificar el sonorísimo adjetivo con los hechos. Estamos hablando del investigador científico, pintor, médico y escritor paísa, César Uribe Piedrahita. El convalidó la cátedra libre y propició un cambio en el ambiente académico: donde decía, a la entrada de la biblioteca, con adustas letras negras, “Silencio”, él mandó a escribir, con letras de colores, “alegría”, y contribuyó a sacar de un estrecho marco convencional y confesional para que siempre pudieran sostenerse y sustentarse todas las escuelas del pensamiento: siempre y cuando su exposición estuviera presidida por el respeto al auditorio y a las ideas ajenas, como corresponde a una universidad que verdaderamente se merezca ese nombre. Uribe Piedrahita, el hombre que le propuso a la juventud la alegría, trajo a nuestra institución dos fudamentos universitarios de cuya falta adolecía: la investigación científica y el deporte. Impulsó, además, la extensión de la institución a la comunidad, y en su tiempo se conretó, ¡quien lo creyera!, la salida al aire de una emisora universitaria.

Después de la breve y fecunda gestión del “mono” Uribe Piedrahita, vino el primer rectorado de otro querido personaje universitario que llevó idéntico apelativo, el Doctor Antonio José Lemos Guzmán. El “mono” Lemos, cuyo nombre lleva hoy el auditorio de la Facultad de Ciencias de la Salud, fue rector de la Universidad en cuatro períodos que están comprendidos entre 1935 y 1963. También repitieron rectorado e hicieron perdurable labor los doctores Luis Carlos Zambrano, Benjamín Iragorri Díez y Edgard Penagos Casas. Los nombres que vienen después de la década del 60 nos son ya muy cercanos y familiares: Henry Simmonds Pardo, Guillermo Alberto González, Oswaldo Rengifo Otero, Gerardo Bonilla Fernández, Harold Alberto Muñoz Muñoz.

La producción académica, científica, y , por supuesto literaria, de la Universidad, en las décadas que siguieron al tiempo de Uribe, fue muy notable. Una revisión de los contenidos de la que fuera la gran Revista de la Universidad del Cauca en sus dos épocas, arroja la lista más respetable de profesores, escritores, investigadores, en general, pensadores no solo de Popayán sino de todo el suroccidente colombiano. Eran los tiempos en que desde el Gran Caldas hasta el Ecuador, los pasos de los jóvenes deseosos de estudiar se dirigían a la amable “meca” que era Popayán. Los egresados, los exalumnos de esa época y de las siguientes, siempre han testimoniado su gratitud por esta ciudad, su afecto por sus gentes y su amor por el Alma Mater, y viven pendientes de qué papel de servicio puedan cumplir a favor de una y otra.

UNIVERSIDAD DEL PRESENTE, UNIVERSIDAD DEL FUTURO

La historia muestra desde un comienzo la existencia de un ambiente propicio para la educación de la capacidad de valorar y para la generación de valores como producto de la interacción Universidad – Ciudad. Generalmente han estado presentes en ese ambiente estudiantes, profesores y directivos que han sido encarnación de valores y por eso Colombia y muchos países del mundo han conocido presidentes, ministros, diplomáticos, investigadores y estudiosos de muchas disciplinas egresados de las aulas de la Universidad del Cauca.

Ahora cuando es motivo un resquebrajamiento de la capacidad valorativa en la Sociedad, la Universidad como ente social debe estar presente liderando la búsqueda de un futuro mejor para Colombia.

La Universidad del Cauca y Popayán en las horas difíciles de la República siempre han indicado rumbos. En este momento es indiscutible esa misión. Alberto Lleras Camargo ya lo había anunciado al recibir el Doctorado Honoris Causa.

“Esta ciudad es para Colombia preciosa y decisiva. Esta Universidad, su tuétano, no es nostálgico pozo de olvido sino la forja adecuada para el material que necesita la Nación, ahora y siempre. No está el problema de la patria tanto en preparar gentes para una circunstancia que se prevé, sino en hacer hombres para cualquier circunstancia…”

Nuestro compromiso inmediato y futuro es de sacrificio y de grandeza. Empeñémonos por una vida digna para todos los colombianos y seguro que lo lograremos.

 
   

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