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Historia
  Arte Moderno y Contemporáneo en Popayán 
Septiembre 20,04
Autor: Julio César Perafán Fajardo   
 
 

Algunas consideraciones sobre la evoluación del arte en la "Ciudad Blanca de Colombia"


julio César Perafán Fajardo M.D.

No existe diferencia entre arte moderno y arte antiguo si prescindiendo del factor cronológico aceptamos que el arte es la respuesta cultural al comportamiento ya sea del artista, ya de una época o de una sociedad frente al cambiante mundo del que el arte es un reflejo.

El arte moderno como cualquiera manifestación creativa del hombre ha evolucionado en todas direcciones, pero nunca excluyendo la eterna alternancia secuencial entre clasicismo y romanticismo, dualidad que ha dividido el arte en dos grandes períodos: PERIODOS CONSTRUCTIVOS o clásicos y PERIODOS DE CRISIS o románticos. Sus características y determinantes de innovación conllevan entre unos y otros diferencias opuestas:

En lo clásico prima la razón frente a la emoción de los romántico; el equilibrio frente al caos; la horizontalidad del Panteón Romano frente a la verticalidad de las catedrales góticas; la universalidad frente al individualismo romántico; la objetividad, verbi gracia, en la época moderna, el Cubismo y el arte concreto versus el pesimista Expresionismo, en fin la derecha frente a la izquierda.

Dicho de otra manera, en los períodos constructivos encontramos un arte universal, fundado en los principios rigurosos y eternos de la composición y situado más allá de las preferencias personales. Arte corpóreo que es objetivo, optimista y, con el correr de los siglos, ligado a la ciencia pragmática y a la máquina que es rígida y perfecta. Así, lo constructivo trasciende desde el siglo de Pericles con el clásico griego, el románico, el renacimiento, el neoclásico hasta el cubismo, el arte concreto y los ismos contemporáneos: orfismo, neoplasticismo, constructivismo, das Bauhaus, op-art, arte cinético.

En cambio en los períodos de crisis el arte se deforma, se carga de subjetividad, se torna expresionista, pesimista, abrupto. Traduce el miedo, la angustia, la desesperación, de donde la tendencia a la aleación, a lo vertical, como el gótico. Arte analítico y narrativo, arte impresionista, metafísico, psicoanalista, surrealista, pop-art, simbolista, fauvista, expresionista, tachista, Die Bruñe, Bau Reiter el Puente y el Jinete Azul germánicos. Y finalmente el gran arte Abstracto.

Localizadas en el tiempo histórico las artes plásticas modernas, escultura, arqutectura de lo que tratará la charla de esta noche –comienzan a mediados del siglo XIX en París con los Salones de los Rechazados de 1836, cuando los pabellones particulares de Manet y Coubert en la exposición universal de 1867, verdaderas barracas de apestados, y cuando la homérica carcajada que acojió la primera exposición de los impresionistas en 1864. No fue fácil la aceptación del nuevo arte ni siquiera en Francia. Corría el año de 1900 cuando la exposición universal en París el académico Gérome se interpuso ante el presidente Loubet para atajarle imperiosamente la entrada a la sala de los impresionistas, diciéndoles: “Deteneos, señor presidente, aquí está la vergüenza de Francia”. Las revoluciones en arte se hacen cada vez a contrapelo del público y del gusto oficial. Cuando Auguste Rodin quiso llegar a Francia toda su hoy gloriosa obra del más puro impresionismo escultórico el instituto provocó un escándalo que llegó hasta el parlamento en 1916. Pero antes, en 1895, un grupo escultórico monumental “Los Burgueses de Calais” inaugurado en honor de esta ciudad fue considerado indigno para la villa. Hoy, una réplica reposa en el museo del hotel Biron de París.

No es de extrañar, entonces que en 1913 llegó a la Universidad del Cauca la pintura contratada con Andrés de Santa María para el Paraninfo en remodelación, los estudiantes de la facultad de derecho, reunidos por el rector Alfredo Garcés, cuenta uno de los testigos áticos, Luis Carlos Iragorri, al ver la obra gritaron al unísono: horrorosa!!!. Sin embargo el valiente rector hizo instalar el famoso tríptico impresionista en el proscenio y el recinto fue solemnemente inaugurado con un discurso del maestro Valencia el 23 de abril de 1916, tercer centenario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, instituyéndose así el día del idioma, fecha en la que se recogió allí – cuenta FASTOS Arcesio Aragón- un copioso óbolo para contribuir a eregirle en Madrid el monumento en la plaza España.

De la obra de Andrés de Santa María, realizada en Bélgica, París y Bogotá, la más representativa, valiosa y de mayor formato es este tríptico llamado “Las artes y las ciencas”, de propiedad de la Universidad del Cauca, actualmente colgado en el fondo oscuro del Paraninfo Caldas. Fue Marta Traba, la papisa de la crítica de arte, quien descubrió en Colombia al olvidado Santa María.

En el tríptico son notorias la técnica de la pintura al aire libre y la yuxtaposición de los objetos coloreados para modificar su naturaleza óptica con el uso de los colores puros en la paleta, como lo practicaron los impresionistas, buscando una nueva sensibilidad visual, aprovechando las leyes del contraste simultáneo, del contraste sucesivo y del mixto de los colores primarios, binarios y complementarios investigados por el químico Chevreul, que además imaginó setenta y dos círculos cromáticos, estudiando los físico - química de los diferentes estados de conciencia visual y el “defecto” de la persistencia de la imagen en la retina, que diera paso, luego, a la ilusión del movimiento en el cine, el que habría de construirse en el Séptimo Arte. Se observa, así mismo, en el Santa María payanés la supresión de líneas divisorias por irisaciones evanescentes, indefinibles y movientes, según la cambiante luminosidad, para una polifonía de colores, como en “La servidora de cerveza” de Manet.

La primera obra impresionista data de 1861 “Música en el jardín de las tullerías” de Edouard Manet, en la actualidad en la pinacoteca de la galería nacional de Londres. La segunda y tanto mas famosa “El almuerzo sobre la hierba”, actualmente en el museo D´Orsay de París.

No queda duda de este tesoro descuidado que es el tríptico de Santa María y una de las primeras obras de arte moderno que llegó a Popayán.

Avanzado el siglo XX comenzaron a surgir en la ciudad maestros y puntores con las audacias del arte moderno y contemporáneo, de cuyos numerosos ismos los más persistentes han sido el abstraccionismo y el surrealismo, a partir de 1910 y 1924 respectivamente, expandidos por el mundo, quizás no como una revolución sino como un nacimiento. El arte abstracto, o mejor arte no figurativo, traspasa la realidad del mundo a la realidad metafísica del ser. Fue Wassili Kandinsky quien pintó las primeras telas abstractas. El surrealismo lo define Dalí como el conocimiento irracional de los fenómenos delirantes y narcisistas. “Visiones de duermevela” agrega Max Ernst.

Retomando estas y otras escuelas de arte moderno con representaciones en Popayán, citemos algunos artistas, pocos, en gracia del corto tiempo y la materia extensa:

AUGUSTO RIVERA, Caucano, el más prolífico: acrílicos en el Banco Popular, Caja Agraria, mural en el Cafetero, mosaico en el salón-restaurante del aeropuerto representando la chirimía con los tipismos del triángulo, el mazo de la tambora y los flautistas, en un estilo contemporáneo propio, lejos del manido muralismo mejicano. Para el Festival de Música Sacra pintó telones y afiches de gran fuerza expresionista. Muy polifacético en sus técnicas recorrió los estilos desde el carboncillo hasta la pintura surrealista e hiperrealista.

Los hermanos VALENCIA QUIJANO, hijos del gran pintor maestro Luis Carlos Valencia se han distinguido por una paleta modernista de gran experticia en el dibujo y proyección futurista. Rodrigo ha sobresalido en arte psicoanalista, metafísico, surrealista y abstracto. Ivan dispone ahora de una gran ciudad para su constructivismo y arte urbano, Nueva York.

No olvidemos que el maestro Efraín Martínez espigó en el simbolismo en varios detalles de sus lienzos: uno “la tempestad” en la Apoteosis de Popayán.

RENZO FAJARDO ostenta un palmarés tanto nacional como en el exterior por sus trabajos en diversas disciplinas de la plástica contemporánea.

EVER ASTUDILLO, expresionista esencial y los hermanos CARDENAS tienen en colecciones privadas verdaderas obras maestras del arte moderno.

ROBERTO PERAFÁN, autodidacta ha recorrido mucha geografía de las artes plásticas y artesanales. Pese a haber sido, en pintura tildado de obregoniano tiene su particular manera de ser y ver la contemporaneidad pictórica.

Da la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Cauca, desde hace muchos años ha salido un grupo de jóvenes promesas con el merecido título de “Maestro en Artes Plásticas” que en el país y en el exterior comienzan a triunfar:

XIMENA HORMAZA cada vez más cerca de su liberación imaginativa.

MARIA STELLA PERAFÁN SIMMONDS está descollando ahora con las artes del grabado, después de trasegar con la mayoría de las técnicas pictóricas.

ESCULTURA MODERNA

La escultura moderna colombiana tiene en Popayán su mas calificado exponente, de repercusión universal. Edgard Negret nació en 1920 en esta casa soliariega del Cacho, que él mismo convirtió en museo Negret como regalo a su patria chica. Realizar el recorrido de sus salones no puede desligarse de la admiración por la constancia de su quehacer artístico de toda una vida plenamente entregada a la búsqueda de una superación estética en el nuevo ámbito de la abstracción contemporánea, con materiales diferentes a los clásicos de la escultura antigua.

Después de seis años en la Escuela de Bellas Artes de Cali, donde su mayor influencia la recibe del impresionismo de Rodin, en voga entonces, con sus modelos “recostados”, los abruptos cortes y las huellas de las herramientas, regresa a su ciudad, instala su taller en el viejo monetario abandonado de San Francisco, a principios de los años cuarentas. Realiza la cabeza de Maruja Simmonds de Lemos con una originalidad en los cortes que es una referencia al carácter inconcluso del impresionismo. Pero es – dice Galaor Carbonel en su libro sobre el escultor- en la sólida cabeza de Guillermo Valencia donde destaca las facetas sutiles y el parco dibujo de las épicas facciones el poeta para introducir al medio una visión escultórica de avanzada. El “Valencia” destinado para el claustro de la Universidad, no fue allí eregido sino en el patio del Liceo Humboldt al pie del Morro de Tulcán, donde en un juego de pelota sufrió desperfectos años después, para ser retirado por su autor finalmente. Con el “Valencia” había comenzado la controversia. En medio de ella cae Jorge Osteiza, vasco genial, escultor y esteta, que por su autoridad e inteligencia se convirtió en el mentor cultural del grupo pensante de la Popayán de entonces, por las valiosas noticias de primera mano sobre los movimientos estéticos importantes acaecidos en Europa, lo que fue factor determinante en la rápida evolución de la obra de Negret, concluye Galaor.

El fruto de esta evolución fue la primera exposición individual de la Biblioteca Nacional e Bogotá en 1946, a la que tuvimos ocasión de asistir. Fue notable la acogida y el rechazo. Sobresalieron las tres cabezas de los poetas americanos, Withman, Barba Jacob y la Mistral con la nueva noción de “oquedad” en escultura, que es un concepto desasido del antropomorfismo por las aspiraciones abstractas que crean las formas como la realidad. El empleo de estos vacíos los había iniciado el inglés Henry Moore en 1936. Un avance hacia mayor abstraccionismo fue la “Cabeza del Bautista” y la de Job. En el 48 aparecen “La Anuncación y Venus” que resume el vocabulario de su concepción artística hasta el momento, incluído el concepto de torción y movimiento, que aparecerán después –dice Carbonell- en el lenguaje de los nuevos materiales a partir de 1963. Estos habría de encontrarlos tomados de la Revolución Industrial, de la ciencia y la máquina. En el año cincuenta llegó a Nueva York: aparte de greda y cerámica usó lámina de hierro, varillas y alambres de acero, unidos con técnica y ensamblaje-soldadura.

Del 50 al 54 Europa. Su encuentro en París dice Carbonel en “las etapas creativas”, con el museo del hombre de Paul Rivet y con la obra de Gaudi en España le orientará hacia la aplicación de la mecánica a la escultura, a la movilidad rítmica y repetitiva. Buscando el propósito común de un solo tipo de escultura, en Mallorca encontró la luminosidad, el color de las embarcaciones, el hierro forjado, la cristalería policroma y la movilidad de las formas, mutables a imagen artística fija. Decidido por la verticalidad, en su periplo vuelve a St. Germain en Laye París donde realiza muchos bocetos y de nuevo a Nueva York con una voluntad expresiva y de creación definida. Deja atrás la edad de hierro y entra en la perentoria edad del aluminio, elemento liviano, maleable y de mayor plasticidad. Sus dobleces lo llevaron a la utilización de los remaches, inicialmente. De esa época son los aparatos mágicos, las máscaras y los escudos, polícromos. Pero hacía falta un nuevo elemento para lograr mayor volumetría y tridimensionalidad. Y ese fue el tornillo a la vista, que con el recurso del metal arqueado determinaron su obra definitiva.

Ahora, las grandiosas formas cilíndricas se las aportó Roma con las visitas al Castillo de St. Angello y la tumba de Cecilia Metela. Otros edificios como el modernísimo museo Guggenheim de Frank Loyd Wright en N.Y. le han inspirado en sus últimas esculturas dos realidades:

La externa, la fachada para enfrentarse al mundo que lo rodea y donde los arquitectos hacen concesiones y la interior que pertenece a la estructura, donde están las rampas, las circulaciones, los espacios, ductos y formas interiores. Este siglo de invenciones en cadena, de trastornos sociales, revoluciones y guerras ha suscitado un arte a su imagen. Para el hombre de la calle el arte abstracto es una creación ora irritante, ora inofensivo en apariencia o vacío de sentido, al mirarlo ocasional o distraidamente. Para el observador atento no tiene en absoluto la misma óptica. La verdad es que cuanto más aterrador sea el mundo, el arte será más abstracto.

Edgard Negret encontró –dice finalmente su biógrafo- el “color único” pasando a un segundo plano el aluminio, los tornillos. Las formas volumétricas son las responsables de la capacidad del color para modificarse con la luz y emitir las variaciones, lo que plantea el recurso de ilusión, una segunda realidad mágica y atemporal.

Para donde va Negret? Quízas nos atravemos a decir, vaya atrevimiento, deducible de su trayectoria evolutiva, creativa, inconforme y trascendente, que en sus futuras obras dejará la fachada exterior, de que hablamos antes, para seguir con la interior más intrincada, misteriosa e impúdica con todas las estructuralidades a la vista, a la manera del Centro Pompidou, que es la “escultura-arqutectura”, adelantada, para el Siglo XXI.

ARQUITECTURA MODERNA

Parecería una incongruencia hablar de arquitectura moderna en Popayán. Oigamos al Maestro:”Cuando una tradición de siglos va ligada a la historia de una ciudad, difícil es discernir, sin un prolijo examen, el ritmo de sus adelantos, y aunque sea muy recio el viento renovador que en ella sople, guardará siempre la estructura fundamental, signos irrevocables de su pasado”. Son palabras de Guillermo Valencia.

El pasado arquitectónico colonial y artístico de la ciudad procera fue brillantemente analizado por los conferenciantes que me precedieron en esta sala, reconociendo la vocación de arte tradicional que Popayán ostenta y ha conservado, por fortuna, en sus momentos más representativos como atestación de una época gloriosa y boyante.

Pero nuestra ciudad no podía sustraerse a la arquitectura moderna en los tiempos contemporáneos, como lo han hecho las grandes urbes. Sólo que no reemplazado lo antiguo por lo nuevo, ni destruyendo lo auténtico por las recientes tendencias, como ha ocurrido en tantas viejas ciudades colombianas que borraron el pasado de los maestros alarifes de antaño, en aras de una modernidad sustantiva relevante.

El crecimiento y desarrollo de una ciudad histórica y apreciada por sus moradores, con su urbanismo del pretérito tiene dos posibilidades de expandirse, con los siglos, respetando lo tradicional:

Una, desarrollando el estilo de transición y otra, el estilo de contraste. La primera adecuando lo viejo con lo nuevo y la segunda rompiendo bruscamente, pero a su alrededor, con lo antiguo, alzando la geometría de edificios totalmente modernos en diseño, volúmenes, materiales y funcionalidad.

Del estilo transición, que algunos llamas ecléctico o repubicano, hay varios ejemplos en la ciudad, no todos acertados, que conforman el necesario amoblamiento gubernamental, administrativo, docente, financiero, cultural, social y comercial de la ciudad.

El palacio General Francisco de Paulo Santander felizmente construído en la huerta del antiguo convento del Carmen para el cuarto aniversario de la ciudad por el arquitecto Hernando González Varona es una hermosa traslación mejorada del Palacio de Monterrey en Salamanca, España, con la adición de la plazoleta. El teatro Guillermo Valencia, y el Panteón forman un conjunto neoclásico, integrado al palacio de la Gobernación en sus volúmenes. Con la reconstrucción de este edificio por el arquitecto Luis Eduardo Eyerbe logró la ciudad un acierto de funcionalismo con la simbiosis del volumen contastante de vidrios reflectivos dentro del patio republicano, en un armonioso conjunto interior.

La arquitectura actual aparece condicionada por dos hechos: uno, es el retroceso experimentado por la tendencia que dominó en el siglo pasado, a inspirarse en estilos propios de épocas pretéritas –eclecticismo- y el otro, es el gran desarrollo hacia un arte propio, la arquitectura del “funcionalismo” génesis de la arquitectura contemporánea.

La belleza de la arquitectura moderna se persigue solo con la línea pura y simple, con el equilibrio de las masas, la armonía de los volúmenes y de las proporciones, y el uso acertado de los nuevos materiales.

Esta arquitectura de contraste para Popayán, fortunosamente, ha comenzado a desarrollarse por fuera del casco histórico de la ciudad reconstruida colonial, aprovechando el trasntevere del río Molino que es un límite arcifinio pocas veces hollado. Los edificios de La Lotería forman el más airoso contraste en la colina del centro histórico, donde la arquitectura deberá seguir engarzada a la tradición, desoyendo las voces de cultos e iletrados objetantes dispuestos a defender la demolición.

Creemos, finalmente, que cabe ante esta docta y noble audiencia esbozar el tema de la arquitectura de Popayán en sus monumentos desaparecidos, así sea brevemente, sin pretender un censo negativo y doloroso que registre la totalidad de las destrucciones por una piqueta –que no la naturaleza- de cuanto signifique ser testimonio del pasado con su carga histórica. Nos basta con tres ejemplos de los últimos sesenta años para alertar el futuro: La arquería del Monasterio de San Francisco construida en 1894 para cerrar el patio escalonado de acceso a la calle; los dos torreones circulares del templo de Belén con las agujas desiguales, una gótica y otra románica, -arquería y fachada de Belén, ambos construídas por D. Adolfo Dueñas-, y la estación del ferrocarril, bella y sólida volada con dinamita.

Trasncribimos para poner a consideración, los autorizados conceptos, expresados con una rotundidad dialéctica y un sereno juicio de difícil contestación, del célebre crítico inglés John Ruskin en su obra LAS SIETE LAMPARAS DE LA ARQUITECTURA, publicada en 1890:

“La conservación de los monumentos del pasado no es simple cuestión de conveniencia o de sentimiento. NO TENEMOS EL DERECHO DE TOCARLOS. No nos pertenecen. Pertenecen en parte a quienes los construyeron, y en parte a las generaciones que han de venir detrás…Ningún monumento, sea el que sea, pertenece a las turbas que los maltratan. Y serán turbas todas las que hagan violencias. Nada importa que sea por cólera o por locura o por fementido modernismo, que sean numerosas o no. No habrá razón suficiente para su destrucción, y si hubiera alguna que pudiera llegar a serlo, no lo sería ahora, cuando las inquietudes y los descontentos del presente usurpan en nuestros espíritus su lugar al pasado y al porvenir”.
 
   

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