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En la región del Cauca, encontramos impresionantes contrastes de colores en los atardeceres



Relatos
  La tumba del Quijote en Popayán 
Septiembre 20,04
Autor: Juan Carlos Iragorri   
 
 

Una explicación muy bien argumentada sobre los orígenes de esta leyenda


Desde hace muchísimos años existe en Popayán Colombia, la leyenda de que los restos de DON ALFONSO QUIJANO “EL QUIJOTE”, están enterrados aquí.

Como se trata de un simbolismo muy enaltecedor para la ciudad de Popayán, me permito relatar algunos hechos que presumiblemente dieron origen a esta leyenda:

PRIMERO - . En el libro “ANTOLOGÍA GENIAL DE LOS PATOJOS ” en cuya carátula hay un dibujo alusivo al Quijote, su autor Don Otón Sánchez, recopila varios artículos entres los cuales está uno de Don Avelino Paz, titulado “Las niguas, el ingenio y el talento” que a la letra dice:

“DE CÓMO LAS NIGUAS DE POPAYAN DIERON ORIGEN AL QUIJOTE- En septiembre de 1598, presentose en Popayán, Don Jerónimo de la Rivera y Pimentel, noble y arruinado castellano, con el nombramiento que habíale hecho el monarca español Felipe II como Inspector de los Quintos Reales, colector de tómbolas, amén de otras funciones anexas.

Desilusionado de la vida, pues no tenía hijos ni parientes y acababa de perder a su esposa, vínose de España sin dejar nada atrás, excepción hecha de un amigo en Alcalá de Henares a quien nombraban por buen nombre Miguel de Cervantes Saavedra y por apodo “El manco” y con quien lo unían los lazos de la mas extrecha amistad y sincero cariño. Bien pocos fueron los días de Xerónimo en las Américas, pues a poco de haber tomado posesión de su cargo ante Don Francisco de Berrío, a la sazón Gobernador de Popayán, fue atacado por las niguas de manera intenpestiva, implacable y desconcertante. Hincháronsele los pies (la parte mas vulnerable para el “Sarcopsilla Penetrans”, nombre científico de la nigua) y fuese a la cama presa de los más atroces dolores y calenturas. Aterrorizado por el flagelo, resolvió regresar a España, abandonando a Popayán, en los primeros días de noviembre del mismo año.

Es constante dice Grouchet , que la casa de Cervantes quedó plagada de niguas cuyas toxinas, como es natural, habían adquirido un alto grado de virulencia. A poco sintió Cervantes insoportable prurito en los pies y en la región glútea y posteriormente tumbáronlo a la cama las mas fuertes calenturas que hombre alguno haya soportado en la vida y le produjeron absurdos delirios de todo linaje. Impedido por estos, sentábase a escribir durante sus prolongadas vigilias, las estravantes historias en el estilo más grandioso de que hayan visto los pasados, vean los presentes y esperen ver los venideros siglos, como el solía decir. Esto fue obra de las niguas de Popayán, dice el profesor Crouchet, que habían hecho su recorrido y su trabajo en el organismo de Cervantes y cuyo resultado fue nada menos que “EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”.

SEGUNDO.- Continuando con la historia de Don Jerónimo de la Rivera y Pimentel fallecido el 25 de enero de 1599 en casa de Don Miguel de Cervantes Saavedra, este último solicitó en repetidas ocasiones al nuevo monarca Felipe III le nombrara en el cargo de inspector de los Quintos Reales y colector de tómbolas (hoy administrador de impuestos) en Popayán, cargo que había dejado vacante Don Xerónimo.

Basaba esta merecida solicitud en atención a ser Don Miguel veterano del ejército español al cual había servido durante cuatro años (1570 a 1574), participando activamente en diversas batallas tanto que en la de Lepanto (7 de octubre de 1571) había perdido la mano izquierda y cuando regresaba a España con magníficas recomendaciones fue hecho prisionero cerca a Marsella por piratas berberiscos y llevado cautivo a Argel durante cinco años. Creía él que todos estos servicios y vicisitudes lo harían merecedor por parte del Rey del cargo solicitado. Pero no lo logró y aunque algunos historiadores afirman que estuvo próximo a viajar a América esto no ocurrió nunca.

De haber sido así “EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA” habría sido escrito en Popayán!!!, porque estábamos en 1599 y la obra fue publicada en 1605 y diez años después la segunda parte en 1615. Miguel de Cervantes Saavedra “El manco de Lepanto” murió en 1616.

TERCERO.- En los siglos XVI y XVII dentro del ordenamiento de la ciudad de Popayán, que fue ideada por los españoles como lugar de estudio y reflexión, se establecieron nueve conventos estratégicamente situados dentro del centro histórico que abarcan una manzana cada uno 80 por 80 = 1600 metros cuadrados con sus correspondientes cofradías, a saber:

1° La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción 1551
2° La Encarnación o Las Monjas Clarisas 1591
3° San José de la Compañía de Jesús 1640
4° Santo Domingo y su claustro hoy Universidad del Cauca
5° El Cármen de las Carmelitas y después de los Maristas
6° La Ermita de Jesús Obrero con cementerio al fondo
7° San Agustín y su convento de las Madres Agustinas
8° San Camilo de los padres Camilos de la Buena Muerte
9° San Francisco de los Franciscanos (Hotel Monasterio)

En estos conventos no solo se impartía instrucción religiosa a los monjes internos de ellos sino a toda la comunidad laica por intermedio de escuelas anexas donde se enseñaba a leer y escribir a los nativos y las demás materias elementales como las matemáticas, geografía e historia primero, para luego irlos educando en las ciencias de la jurisprudencia, filosofía, teología, idiomas y otras ciencias humanísticas.

Desde la invención de la imprenta (1440) comenzó la era de La Ilustración y a la par con el cultivo de las artes y las letras se gestó el Renacimiento que a través de los libros que traían las comunidades se difundió en las colonias americanas, constituyéndose Popayán en un sitio clave para la práctica pedagógica durante la época de la Colonia, desde la región de Antioquia hasta el Ecuador.

Durante la lucha por la Independencia, algunos de estos conventos fueron habilitados como cuarteles, pero a mediados del siglo XIX con la promulgación de la Ley de “extinción de dominios” pasaron a poder del Estado para formar las Universidades como la del Tercer Distrito, hoy Universidad del Cauca fundada el 11 de noviembre de 1827 por el Vicepresidente de la Gran Colombia, General Francisco de Paula Santander a petición del Presidente Simón Bolívar, donde los siguieron dedicando a la enseñanza.

Desde luego la Universidad del Cauca tiene sus raíces en un establecimiento educativo de primer orden en los tiempos coloniales: el Seminario Mayor de Popayán. En este tuvieron amplio impacto las ideas más novedosas del pensamiento filosófico, político, científico del mundo, a finales del Siglo XVIII, el Siglo de las Luces. Allí precisamente se formó la generación que sería protagonista y mártir de las luchas de Independencia: Francisco José de Caldas, Camilo Torres Tenorio, Francisco Antonio de Ulloa, hombres de estudio y decisión, entre muchos otros. Es esta la vocación tradicional de Popayán que la llevó a ser considerada como “La ciudad culta de Colombia”.

CUARTO.- En el óleo – mural (9 x 6 mts) del Maestro Efraín Martínez titulado “La Apoteosis de Popayán” pintado entre 1935 y 1955, ubicado en el Paraninfo de la Universidad del Cauca, inspirado en el poema “Canto a Popayán” del Maestro Guillermo Valencia, donde están los 60 personajes más importantes de la ciudad, aparece: “en la parte más alta, el espíritu de Don Quijote, junto al simbólico roble, vela por Popayán”, como lo describe el pintor. Allí está una figura vestida con armadura medioeval, sin yelmo, con lanza y escudo, de pue junto a un árbol del parque, con la cabeza agachada, en la misma posición como nuestros antepasados enterraban a los muertos para que sus restos alimentaran al árbol.

QUINTO.- El 10 de julio de 1932 (exactamente 11 años antes de su muerte) el Maestro Guillermo Valencia publicó un soneto titulado “LA RAZÓN DE DON QUIJOTE” cuyo texto transcribo textualmente:

“Una noche fria, tormentosa y oscura
de este breve ciudad y al rayo intermitente
de un farol moribundo que avisaba a la gente
los peligros de un bache o el montón de basura,
topé con un pulido señor (yo era estudiante;
ceñía la capa, sombrero alón y fina daga)
y el exibía el más exótico talante
que es pisible soñar para esa noche aciaga.

Alto, huesudo y ágil –frisaba en los cincuenta-;
negros mostachos graves y largos caídos;
frente espaciada y comba, color amarillenta,
y los ojos como unos carbones encendidos.

Flacas eran sus manos, de afilada nobleza,
Ágiles, sarmentosas y simulaban garras
Por el velludo envés; dignas de su fiereza
de estoques y rodelas, dardos y comitarras.

Relievaba un jubón el pulcro pecho hidalgo;
las medias ya rompían dos rodillas puntudas,
y en el severo porte se revelaba un algo
de grandioso y risible, que me sacó de dudas.

-Don Alonso! –le dije- Vive Dios!, si es extraña
vuestra presencia aquí, muerto hace tantos siglos!
-Muerto yo? Estoy mas vivo que en mi solar de España
Entre Duques y dueñas, gigantes y vestiglos!

Muerto? Si mi envoltura no es la frágil corteza
que se pudre entre el cieno de una tumba olvidada:
mi vida no es la vida que da naturaleza:
esta carne que ves ya está inomortalizada.

No oiste cómo Júpiter de entre su cien fendida
Sacó a la nubil Palas con el yelmo de oro,
la lanza cimbreante, la coraza bruñida,
y en los labios la miel de su saber sonoro?

Así, mi excelso padre, cuando la vil Fortuna
le abrió el pecho de un tajo sordo, avieso y profundo,
sintió que por la herida se deslizaba una
hija de su dolor…y aparecí en el mundo.

Alenté para el Bien, pero la turba ingnara
no descifró el enigma de mi falaz locura:
sublimar lo ruin convirtiéndolo en ara;
dar a las al gusano para vencer la atura.

Yo sabía como ellos que fueran los batanes.
No me fingí guerrero cuando ataqué el rebaño;
en amos quise trocar los pajes; los rufianes
en gente; en oro el cobre: renovador engaño!

Pugné por elevar lo común y lo mezquino
Cinéndole la toga de lo insigne y procero
porque oyesen rugir al león en el pollino
y en el gañán mirasen un alto caballero.

Probé comunicarles esa mágica alquimia
que transforma lo inane para exaltar su esencia,
y presta a lo real una virtud eximia
que da a la sordidez la faz de la opulencia.

Ansié lo que el ingenio lograra con el oro:
hacer de un polvo extraño trueques de la inaudito,
y exigí a todo pecho su ignorado tesoro
para clisar en hombres rasgos del infinito.

Enseñé con la ebriedad que produce el ensueño,
Y a trocar el querer en un mago esplendente:
Les conquisté el azul, montado en Clavileño,
y convertí a Montiel en Meca del creyente.

Mas eran rudos, tercos y zafios:
no supieron del mirífico mundo que lo real esconde:
donde había un molino, sus ojos solo vieron
un molino, y un conde, cuando pasaba un conde.

Magnifiqué las cosas par darles sentido
a la vida, al dolor, al combate, a la ley,
y no ver mustias pajas cuando se mira un nido
ni ver divinos lampos cuando se mira un rey.

Agiganté los seres de este mundo pequeño
para valorizar en él toda incidencia;
para borrar las lindes que separan el sueño
de la vigilia; el vago pensar e la conciencia.

En alguna ocasión usé al revés mi lente
para anular su escala de magnas proporciones:
parece que aquel día si se admiró la gente
viéndome ante la abierta boca de los leones.

Y por vivir la antítesis de mi ideal austero
gozando del contraste con la pasión villana,
muy cerca de mí puse mi sórdido escudero
el símbolo perfecto de la progenie humana.

Por él supe los chismes de la parroquia artera,
los líos del barbero, del cura y la sobrina;
la fofa brillantez de la clase altanera
y la malignidad de la chusma ladina.

Rudo afán! Vano esfuerzo! Testarudez sin gaje!
No hay con quien (eran muchos) Qué haré? Rómpase el lente
que hacía ver las cosas tan grandes!...Ya el miraje
se redujo. Estoy cuerdo y en medio de mi gente.

Por eso di a creer que creía en la farsa
del bachiller del cuento; mas como nada había
digno de retenerme con aquella comparsa,
fingí que estaba grave, y, al fin, que me moría.

Y me enterraron presto, sin contar con la extraña
Fuerza que dio a mi vida Don Miguel (que Dios guarde).
Como soy inmortal, pude fugar de España
en Palos de Moguer, sin ruido ni alarde.

Pues supe que el virrey Don Blasco Nuñez Vela
Partía para Indias a colgar un Pizarro,
y cautelosamente tomé su carabela,
sin ganas de hacer viso, ni muñir el cotarro.

En Túmbez alguien dijo de un soldado extremeño
que fundaba ciudades, y era recio jinete,
fogoso y muy andante, ni grande ni pequeño,
y temido en la lanza, la espada y el mosquete;

Débanle como nombre Moyano y Belalcázar;
para fundar aquí, vino de Cajamarca
en el Perú; tres veces dejó su verde alcázar
para salvar los quintos de un ingrato monarca,

que so olvidó muy listo de aquellas correrías,
- a combatir sin fin, asendereadas treguas-
viajes de rojos duelos y sordas agonías
que alcanzaron por cifra “dos mil quinientas leguas”.

Me gusta el mozo dije; bajo su alar me siento.
Ya que puedo, invisible les seré a mis paisanos.
Cuando surjan mis pares, he de darles aliento
y fundaré este nuevo solar de los Quijanos.

Siete veces me han visto mis hombres en tus plazas:
Torres, Caldas, Obando, Julio, Albán y Mosquera
-sublime concreción de perínclitas razas-
Cumplieron mis premáticas con la elación sincera.

Alguno me recuerda mi andanza entre galeotes
cuando quebró de un ímpetu los hierros del esclavo,
y otro, pres de mi sangre, pagó sus fieros brotes
-nuevo Julían de Padilla- muriendo como un bravo.

La prodigiosa lente que yo rompiera un día
restauré para ellos y vieron cosas grandes,
y esta sorda llanura de fútil ufanía
se alzó a su voz en moles más firmes que los Andes.

Como yo blazonaron lo vulgar, y su empeño
se hizo heróico: la fuerza, lumbre, y la hazaña gloria;
y como fueron grandes, su anhelar fue pequeño:
un gajo de laurel y una sigla de Historia.

Ellos me presentían y acudí a su reclamo.
Más felices que yo, murieron en la brega:
si su pueblo atendiese la voz con que yo llamo,
volvería a la luz a su pupila ciega.

Para ellos, ay!, también sufrieron la tortura
del odio vil, la envida, la ingratitud taimada.
No hubo en su soledad ni esa falaz dulzura
en la esponja, preludio de la feroz lanzada.

Como el Señor Jesús y como el Caballero
De la Triste Figura los tuvieron por locos
sus hermanos; la plebe les erizó el sendero
de espinos y en pos suya iban pocos, muy pocos.

Ese el término cierto de cuantos en la vida
se afanan por tallar los guijarros en gemas;
a todo noble pecho va la fecha huída
y hasta el odio mártir, las cóleras blasfemas!

-Y siendo así-le dije-, para qué el sacrificio
Estéril?- Y el airado-: Para que la existencia
tenga un noble valer que nos haga propicio
el sino, bajo el claro fanal de la conciencia-.

Y el triste caballero díjome: - Ven conmigo!-
y me llevó hasta el ápice de la oriental colina
que guarda la ciudad, y agregó:-En este abrigo
febril hay el ensalmo de una misión divina.

Al andar de los años siempre surgirá un hombre
con ese ardor pujante que mi cerebro inflama:
aquí mora el espíritu libre y vivificante;
yo estoy entero aquí con mi nombre y mi fama.

Diles a cuantos crucen el sellado recinto,
que las piedras que puedan arrojarles un día
las alcen, que con ellas les labrarán un plinto
esos que las lanzaron en su saña bravía.

Y cuando alcé a mirar, sentí que estaba solo,
solo como el que muere. Descendí a paso lento
la senda en espiral. Ya el valor acrisolo
de esa hora fugaz y honda como un lamento.

Y recordé a Jesús en su queja doliente:
“Jerusalén, que así tus profetas lapidas:
con cuanto amor combé mis alas dulcemente,
como hace el ave tierna con sus proles transidas,
para darte calor y arrullarte en mis brazos,
pero tú no quisiste…”

Y en las calles desiertas
se oía, entre silencios, el rumor de unos pasos
y el sollozar de un hombre por las glorias ya muertas….”

Guillermo Valencia
Popayán, 10de julio de 1932

SEXTO.- En el prólogo del libro “Obras completas de Guillermo Valencia” escrito por el poeta y escritor BALDOMERO SANIN CANO, en 1932, amigo íntimo del Maestro Valencia, al referirse a Popayán dice textualmente: “…la ciudad tiene vínculos de hierro con el pasado, a tiempo que carece casi de medios de comunicación con el resto del mundo. Su situación, la mentalidad de sus hijos, la riqueza ubérrima de la comarca, la han convencido de que se basta a sí misma. Las glorias del pasado español las ha hecho propias, y el espíritu maleante de sus vecinos ha señalado en su recinto la PIEDRA QUE CUBRE LOS RESTOS INMORTALES DEL INGENIOSO HIDALGO…”

SEPTIMO.- El año pasado fue publicada en la prensa una investigación del periodista Eduardo Escobar titulada “El genio y la Nigua” cuyo texto es el siguiente: “ El diccionario de Moliner dice que la nigua, púlex afaníptero, es decir, con dos alas invisibles, originario de América y muy extendido en Africa, y que las hembras penetran bajo la piel depositando sus huevos donde las crías producen picazón y úlceras graves. Remite al lector a sote y sotuto. Sote se llamaría en Colombia la nigua joven y sotuto en Bolivia.

El cronista, López de Gómara dice: la nigua como una pequeñita pulga saltadera y amiga del polvo que no pica sino en los pies y si se dejan multiplicar no se puede remediar sino con fuego o con hierro. Algunos españoles perdieron los dedos y aún los pies a causa de la infestación. López de Gómara aconseja dormir calzados los pies, o por lo menos cubiertos para evitarlas.

Otro López, Gregorio, uno de esos caballeros enigmáticos que cayeron en tierras americanas por allá en la Colonia, de quien algunos afirmaron que era un hijo de Felipe II huído de su padre a México, protoermitaño, erudito, cartógrafo y médico, recomienda ponerse por la noche parchecitos de caraña, que es un árbol perfumado, y untar los agujeros con sebo o con bálsamo, que las seca. El padre Pérez Arbeláez, en su obra “Plantas Utiles de Colombia”, afirma que se eliminan con semilla del mamey machacada.

El diccionario abreviado de Uribe Uribe trae niguatero. Que en mis tiempos aún era un adjetivo descalificador. De lo mas desconsiderado. Aunque es posible, sin lastimar la dignidad del gentilicio, que en tiempos del general fuéramos una nación de niguateros.

Todos los niños urbanos de Colombia hasta mi generación las tuvimos, como que también tuvimos madres, traídas como un ardiente trofeo de las vacaciones en el campo. Y los niños del campo que nos aventajaban en felicidad tenían la fortuna de llevarlas todo el año. Yo afirmo, para envidia de las generaciones presentes, que carecen de lujo, que quien no conoció la gloria de rascarse las niguas se perdió de uno de los más grandes placeres que prodiga la carne.

Por mi parte, no me causa ningún escozor confesar que yo también disfruté de es gusto bajo. Y vuelvo a verme, allá en la remota infancia, echado en un camastro ante la ventana abierta, mientras una muchacha fragante y muelle escarba mis dedos con una aguja desinfectada con alcohol y una vela. No sé si en eso consistió mi primera experiencia sexual. Pero algo hay. Es evidente que entre la niñera y yo se estableciera una relación carnal profunda. Donde ella era activa y yo le entregaba el pie desnudo. Tal vez mi idea de felicada está asociada para siempre con las niguas, por eso.

No es todo. Hace tiempos leí en uno de esos libros peregrinos que circulan acerca de los tormentos del pie, si no fue en una nota de pie de página de una edición del Ramayana con anotaciones curiosas o en una edición de Shakespeare con apostillas históricas, que la nigua ha sido relacionada con la estupenda exposición de talento que inundó a Europa en los tiempos de la Conquista de América. Según el tratado erudito, las niguas transportadas de América con los primeros papagayos, las piñas que se achichaban en el camino, las esmeraldas de contrabando y los indios que se morían de tristeza entre las tapicerías del Prado, integradas al torrente sanguíneo se enquistaban en el cerebro exitándolo, como la sífilis, de probable origen americano también. Y que Cervantes el inmortal minusválido de Lepanto las había padecido. Y Shakespeare, quien sabe. Si así rascaban de sabroso en los dedos de los vulgares pies, puede imaginarse las deliciosas reverberaciones de talento, los entusiasmos de inspiración que producirían enjambradas en el cerebro. Existen asociaciones para la salvación de los leones. Cofradías de defensores de focas, ligas de lagartos para llorar al pájaro bobo. Pero nadie se ha fijado en ese parásito modesto que, entrando por sus pies, tal vez puso nido en el cerebro del gran Cervantes.

Y si las niguas en extinción, sin que nadie se compadezca de nosotros, marcaran la diferencia entre la Colombia de ayer y la de hoy? Si descubriéramos que muchas glorias del pasado, la oratoria de nuestros príncipes de la domocracia, la escolalia senatorial y otras virtudes nacionales son efectos de la nigua? Queda sembrada la inquietud. Solo resta esperar que alguien en el Ministerio de Educación, Medio Ambiente o Agricultura, inicie las investigaciones. Tal vez la nigua sea un díptero afaníptero de importancia capital para el futuro. O por lo menos, para interpretar el pasado de la nación.”

Finalmente todos estos documentos ayudan a corroborar porque se dice que LA TUMBA DEL QUIJOTE ESTÁ EN POPAYÁN, tema que hasta interesó al Príncipe de Asturias Felipe de Borbón, cuando estuvo en esta ciudad el 8 de agosto de 1998 y llamó a España a su antecesor para que investigara esa veracidad.

A propósito de esto transcribo una carta dirigida a la revista Semana por el hijo del historiador payanés Luis Carlos Iragorri Peña que a la letra dice: “Leí en su edición del 17 de agosto que durante la visita a Popayán del príncipe Felipe de Borbón, quedó fascinado cuando un ex alcalde de la ciudad le contó que, según la leyenda, Don Quijote está enterrado en la Iglesia de la Ermita. Afirma la revista que fue tal el entusiasmo del príncipe con la historia que “llamó al secretario de cooperación española para que le enviara una orden en la que diera fe” de lo que había escuchado. Pues bien: Ojalá el secretario no vaya a dar fe de semejante cosa, pues estaría afirmando que la pretendida tumba se encuentra en lugar equivocado. Me explico. De acuerdo con la leyenda, recogida en un artículo de Alberto Lleras, publicado en 1926, los huesos del Caballero de la Triste Figura llegaron a América a bordo de unas carabelas para ser trasladados después a una “ciudad de hidalgos” por cuyas “calles españolas hubo una procesión de hombres de golas engomadas,(…) de palabras sutiles y de gestos que parecían inmortalizarse”. No hay duda, Popayán. Y concluye Lleras, dirigiéndose al Quijote: “Y en la plaza mayor, bajo un árbol que arañaba el cielo impasible, quedaron tus huesos, colocados allí por las manos recias de los fantasmas”.

Así pues, la supuesta tumba no se halla en la Ermita, sino en el parque de Caldas de Popayán, que distan tanto como el Colegio del Rosario de Bogotá y las casas orientales de San Victorino. No vaya a ser que, como ha ocurrido tantas veces en Colombia, la placa quede donde no debía.

Juan Carlos Iragorri (Madrid)
 
   

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