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Relatos
  Tomás Cipriano de Mosquera: Hombre de negocios 
Septiembre 20,04
Autor: Cipriano Rodríguez Santamaría   
 
 

Una faceta poco conocida del ilustre payanés


Todos lo conocemos como militar, estadista, diplomático y 4 veces Presidente de la República, pero no como hombre de negocios.

La Condesa de Testagua, hermana del mártir Caldas, fue esposa de Don Joaquín Mosquera, hermano de Tomás Cipriano.

La mitad de los hombres ilustres de la República en los Siglos XVIII y XIX nacieron en Popayán.

De 1831 a 1833 los Mosquera viajan por Europa y traen de Las Tullerías de París muebles y enseres y hasta dos jardineros ingleses para su finca de Coconuco donde se entendían por señas con los indios.

Desde Nueva York, donde tenía establecidos sus negocios comerciales en 1853, escribe Tomás Cipriano de Mosquera a su hermano en París. Este y otros documentos ya están en Popayán en el archivo histórico y con ellos se completan trece mil volúmenes.

Por ese tiempo la Hacienda de Coconuco, propiedad de los Mosquera, comprendía 1300 hectáreas y valía $20,000.oo, lo mismo que Japio.

Los apellidos Mosquera y Arboleda son las armas y las letras.

Carta de 10 de noviembre de 1853 a Manuel María: “…la fortuna es mujer y hay que cortejarla”.

Tomás Cipriano tenía en la calle 1ª west #20, en pleno centro de Wall Street de Nueva Cork una casa de veinte habitaciones para sus negocios bajo el nombre de Mosquera y Herrán y Compañía. Luego se traslada a la 5ª Avenida.

Tiene bodegas en Panamá e inicia negocios con remesas de 3 millones de dólares con seguros norteamericanos y escoltas también norteamericanos.

Tiene barcos viajando con carga en ambos océanos y utiliza el ferrocarril de Panamá para el transbordo.

En 1863 manifestó que la capital de la República debería estar en Panamá.

Sus nietos eran norteamericanos (menos Aníbal).

Busca en Nueva York el contrato para la terminación del Ferrocarril y con buzos y un submarino en las costas de Panamá busca perlas y las negocia.
Explota la sal de Galerazamba, de la Guajira y aún de Zipaquirá y la lleva a Estados Unidos a cambio del oro de California.

En 1854 invierte seis mil dólares en una compañía minera de carbón de los Estados Unidos y lo trae a Colombia para no regresarse con los barcos vacíos.

Vende quina que vale un gramo de ésta más que un gramo de oro.

Explota las minas de Timbiquí en el Cauca que le dan buen oro y su hija se casa con un norteamericano que lo negociaba.

El 5 de diciembre de 1854 escribe que movió negocios por 88 mil dólares en tres meses, o sea lo que valen tres haciendas de los Coconucos.

Viene el proyecto de desembotellar al Cauca la tierra más rica y próspera buscándole salida al Mar del Sur (Pacífico) porque el camino de Dagua era un desastre y el de Guanacas muy largo. Contempla tres estudios: Camino Popayán – Tumaco, Popayán – Micay y Popayán – Buenaventura y llega a la conclusión de que el camino del Dagua es el ideal y consigue inversionistas judíos, norteamericanos como Williamssohn y hasta europeos para mejorarlo, ampliarlo y terminarlo.

Un nostálgico Tomás Cipriano de Mosquera desea visitar nuevamente Coconuco en 1854 y cuando regresa se entera en Cartagena que el General José María Melo se había tomado el poder. Mosquera fletó un buque, financió armas y se empeñó en reconquistar el país con cien mil dólares. Por el sur José Hilario López secundaba a Mosquera con veinte mil dólares financiados por la firma Mosquera y Herrán. Con la ayuda económica de Mosquera, finalmente Melo fue derrotado por fuerzas militares liberales y conservadoras a finales de 1854.

En carta a su hermano Manuel María el 1º de noviembre de 1855 relata que por dificultades económicas tuvo que empeñar los diamantes de su hija Amalia (esposa de su socio y yerno el General José María Herrán) a un judío usurero.

La casa de negocios se quebró y quedó Herrán solo en Nueva York hasta 1858 cuando Williamssohn alzó con todos los documentos y los planos de sus proyectos.

En resúmen: Tomás Cipriano de Mosquera entregó a la patria su fortuna de hombre de negocios y le dieron a cambio –como al Quijote- una isla (La Gorgona).
 
   

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