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Relatos
  Historia de la catedral de Popayán y cronología de la Cofradía de Nuestra Señora de la Inmaculada y su famosa corona 
Septiembre 20,04
Autor: Mario Perafán Fajardo   
 
 

Recuento de la dinámica de la Catedral de Popayán a partir del siglo XVI y algunas consideraciones históricas sobre una de las más importantes joyas coloniales


1538 – 1540 : Construcción de la primera Iglesia Mayor de paja, con retablo para la imagen de la Inmaculada.

1546: Erección de la Diócesis de Popayán con el Obispo Juan del Valle.

1 de mayo de 1551: Fundación de la Capellanía por poder otorgado a su hijo el Capitán FRANCISCO DE BELALCÁZAR, al protocolizar el testamente en Cartagena donde murió el fundador de Popayán Don Sebastián de Belalcázar, nombrándolo su primer mayordomo.

1 de diciembre de 1558: Segunda Iglesia Catedral de bahareque y paja.

Hacia 1590 se cambió la denominación de “Capellanía” a “Cofradía de Nuestra Señora de la Limpia Concepción”.

17 de diciembre de 1594: Primera Iglesia Catedral de teja y ladrillo.

1599: Imposición a la imagen de la Inmaculada de la Catedral de Popayán de la corona de oro y esmeraldas donada por la ciudadanía de Popayán, siendo Mayordomo de la Cofradía Don Gonzalo de Fonseca.

1609: Se terminó de construir la primera Catedral, siendo Mayordomo Don Simón Vásquez.

1653: Nombramiento como Mayordomo a Don Juan Nicolás del Corro.

11 de mayo de 1684: Sepultado el Obispo Cristóbal Bernardo de Quiróz (constructor de la Torre del Reloj) al pie del altar a la Virgen de la Inmaculada.

1690: Nombramiento como Mayordomo a Don José Román Maldonado de Montes de Oca.

1724: Nombramiento como Mayordomo a Don Agustín de Alarcón y Senteno.

Enero de 1736: Fray Diego Fermín de Vergara nombró a Don Cristóbal Enrique Mañosca quien ejerció la Mayordomía por espacio de 27 años hasta el 20 de abril de 1763 cuando se retiró por enfermedad.

20 de abril de 1763: El Obispo Don Gerónimo Antonio de Obregón y MENA nombró como Mayordomos de la Cofradía al Dr. Manuel Ventura Hurtado (Presbítero) y a Don Lorenzo de Mosquera (quien poco después se retiró) y les entregó las alhajas (entre ellas la corona de oro y esmeraldas) bajo inventario.

19 de abril de 1807: Falleció el Presbítero Dr. Manuel Ventura Hurtado y fue sepultado según su última voluntad en la Iglesia de Santo Domingo.

1 de Septiembre de 1807: Lo sucedió en el cargo de Mayordomo de la Cofradía su sobrino Don Nicolás Hurtado por nombramiento que le hizo el Obispo Velarde y Bustamante.

Don Nicolás Hurtado casado con Doña Vicenta Mosquera tuvo una hija (Liboria Hurtado) quien casó con el Dr. Tomás Olano y el hijo de ellos, Tomás Olano, fue padre de Manuel José Olano, inciándose allí la llamada “Cofradía de la familia”.

Al fallecimiento de Don Nicolás Hurtado, el Obispo Pedro Antonio Torres designó como sucesor a Don Vicente Hurtado Mosquera (único hijo varón de Don Nicolás) quien en 1858 renunció a la Cofradía para radicarse en París y el mismo Obispo lo reemplazó en 1860 por Don Antonio Olano y Olave esposo de Doña Liboria Hurtado (la otra hija de Don Nicolás).

En 1867: Don Antonio Olano y su familia se trasladaron a Quito dejando los bienes de la Cofradía bajo la vigilancia del Dr. Joaquín Valencia (apoderado judicial de la familia Olano Hurtado) y allá murió Don Antonio el 27 de diciembre de 1883.

El Obispo Don Carlos Bermúdez (quien antes fue perseguido y desterrado el 7 de febrero de 1877 y sobre el cual existe una leyenda sobre la Cruz de Belén) nombró en 1884 a petición suya como Síndico-Patrono de la Cofradía de la Inmaculada a Don Tomas Olano y Hurtado hijo de Don Antonio Olano y Olave el cual hizo constar en su testamento protocolizado en la notaría segunda de Cali el 9 de septiembre de 1886 que los bienes de su sucesión fueron declarados en quiebra y no se menciona para nada la corona de oro y esmeraldas por pertenecer a la Cofradía.

Desde la época de Don Manuel Ventura Hurtado se acostumbraba además el día de la Inmaculada sacar en procesión esta imagen con todas sus joyas (inclusive la corona) el día de Corpus Cristo, acompañada de las andas de los Santos Doctores, Apóstoles y Evangelistas. Esta ceremonia tuvo mucho esplendor durante el período de Don Tomás Olano y Hurtado quien además costeaba el arreglo de uno de los altares.

El 27 de octubre de 1877 se decretó nueva erección de la Cofradía de la Inmaculada con estatutos en virtud del mandato expedido por el Pbro Don Gregorio Sandoval y en los cuales se imponía además de las prácticas espirituales de los cofrades el pago de 8 reales a la entrada y una cuota anual de 4 reales en diciembre para atender los gastos de las fiestas.

Desde la guerra civil se guardó, por seguridad, la corona en casa de los Olano donde la conservaban en una urna.

Don Tomás Olano y Hurtado inició gestiones para obtener la licencia canóniga para la enajenación de la corona y en abril de 1907 elevó un memorial a la Santa Sede dirigida a la Sagrada Congregación del Concilio por mediación del Obispo de Popayán Don Manuel José de Caicedo, para con ello, construir un Asilo para Ancianos.

El 3 de enero de 1912 dirigió una carta a Monseñor Francisco Ragonesi, delegado Apostólico de Su Santidad y el le contestó que el Arzobispo de Popayán debería dirigirse a la Congregación Romana.

Don Tomás Olano se dirigió al Papa Pio X en carta de 20 de abril de 1914 la cual fue contestada por el Cardenal Marry del Val calificándola de “Cofradía Local” y no “Cofradía de Familia” como lo insinuaba Don Tomás en su carta. Dicha contestación está fechada en Roma el 17 de junio de 1914 autorizándolo y dejando pendiente juicio del Arzobispo de Popayán Manuel Antonio Arboleda las modalidades y condiciones tanto de la enajenación como de la nueva institución (el asilo de ancianos).

En la Nueva Granada por efecto del Decreto de la “desamortización de los bienes eclesiásticos” expedido en 1860 (con base en el Decreto “Quaecumque” del Papa Clemento VII fechado el 7 de diciembre de 1604) dejó a las Cofradías inactivas porque perdieron su fuero jurídico para administrar esos bienes y sus Mayordomos vinieron a quedar reducidos a simples Síndicos-Patronos.

A tal efecto fue Don Vicente Hurtado Mosquera el último Mayordomo de la Cofradía, siendo el primer Síndico-Patrono de la misma el Dr. Antonio Olano y Olave. Por esta razón por ser simple Síndico-Patrono no podía su hijo y sucesor Don Tomás Olano gestionar de por sí cualquier operación comercial de bienes eclesiásticos, de ahí que Monseñor Ragonessi a quien la Santa Sede le encomendó el caso, juzgó que quien tenía que dirigirse a la Congregación Romana para obtener la licencia de venta de la Corona de Oro y Esmeraldas era el Ilustrísimo Obispo Arboleda por ser el representante legal de la Arquidiócesis de Popayán.

Finalmente la Santa Sede autorizó la venta de la Corona para que se invirtiera ese dinero en la fundación de un asilo para ancianos (lo cual nunca ocurrió).

Don Tomás Olano en su testamento de 15 de noviembre de 1916 se declaró impedido para continuar con esa sindicatura y solicitó al Obispo Arboleda que nombrara a su hijo Don Manuel José Olano como Síndico-Patrono.

En 1935 permanecián los bienes de la Cofradía de la Inmaculada en poder de Manuel José Olano y la Arquidiócesis de Popayán por intermedio de Monseñor Maximiliano Crespo, al enterarse que se estaba gestionando la venta de la corona, designó a los doctores Jorge Ulloa López y Gustavo Maya Rebolledo como abogados y les dio poder para demandar en juicio ordinario al Sr.Olano para que restituyese a la Iglesia Catedral tales bienes eclesiásticos inclusive la corona de oro y esmeraldas y se condenara pago de perjuicios y costas del juicio, como efectivamente lo hizo el juez 3º del Circuito Dr. Alfonso Valencia Correa el 29 de marzo de 1935. A su turno Manuel José Olano por intermedio de su apoderado Dr. Jesús María Casas se opuso a ello alegando derecho de propiedad por considerar a la corona como “patrimonio de familia”.

Por Decreto 927 del 4 de mayo de 1936 Monseñor Crespo removió al Dr. Manuel José Olano del cargo de Síndico-Patrono de la Cofradía de la Inmaculada por “negarse a rendir cuentas al ordinario y entregar a este los bienes que ha guardado en calidad de depósito y por estar gestionando la venta de la corona.”

Pero Don Manuel José Olano, siguiendo las instrucciones de su padre, sostuvo durante varios años negociaciones con gran cantidad de posibles compradores para la venta de la corona y para tal efecto a finales de 1928 viajó de Chicago (E.E.U.U.) a Popayán el negociante de gemas Warren J Pipper, pero el colapso de Wall Street en 1929 puso fin a las negociaciones por un tiempo. Este joyero había oído hablar de la corona en la exposición de Panamá-Pacífico en San Francisco, California y tomó la determinación de adquirirla.

Entonces el primer comprador de la corona fue Guillermo Rodríguez Fonnegra quien pagó US$85,000 a Manuel José Olano. Pero más tarde Rodríguez sirvió de intermediario para venderla a Pipper en 1933.

La corona había sido llevada a Nueva York por el Dr. Luis Carlos Iragorri, un amigo de la familia Olano, quien se embarcó en Buenaventura a bordo del buque de la Green – Lane “Santa Lucía” escondida en una caja de cubiletes y luego guardada en la caja fuerte del barco cuando el capitán del mismo se enteró del valor de la joya. En Nueva York fue depositada en las bóvedas del Hannover Trust Company.

El 6 de julio de 1936 se firmó en la ciudad de Nueva York un convenio de compraventa de la corona de oro y esmeraldas entre los vendedores (intermediarios) señores Oscar herman & Brothers Inc, sociedad domiciliada en aquella ciudad y el comprador señor Warrem J. Pipper de Chicago, Illinois, por el precio total de ciento veinticinco mil dolares. Esta corona, según el texto en inglés del documento de compraventa al hacer la versión al españo, la describe así: “…una corona de oro adornada con esmeraldas consistente en dos secciones: diadema que contiene ciento noventa y seis (196) esmeraldas; corona que contiene sesenta y siete (67) esmeraldas y rematada por una banda circular que contiene doce (12) esmeraldas pequeñas y una cruz que contiene diez y siete (17) esmeraldas periformes (gota de aceite), llamadas familiarmente aguacates, suspendidas en el interior de la corona. (en la base de la diadema hay una esmeralda rota, una porción de la cual hace falta)”.

El propio Don Tomás Olano y Hurtado en carta dirigida al Papa Pio X la describió así: “Esta preciosa corona de forma imperial, de oro fino repujado, trabajo artístico y muy antiguo, pesa en bruto dos mil doscientos cincuenta gramos (2250) y está tachonada de doscientos setenta y nueve (279) esmeraldas de puras aguas y lindo color, grandes algunas y medianas y pequeñas las otras. En la parte interior tiene colgantes diez y siete esmeraldas en forma de pera (17). Esta bellísima y valiosa corona solamente se le ha puesto a la efigie de la Virgen para su fiesta anual.”

La noticia de la venta de la corona causó revuelo en Popayán. La Iglesia instituyó cargos contra la familia Olano, sosteniendo que ellos solos no tenían autoridad para negociar la venta. El caso se prolongó en las cortes cuando fue finalmente decidido a favor de la Iglesia cuando el 20 de marzo de 1937 el Juez 3º del Circuito profirió sentencia por haberse demostrado plenamente que la “posesión material casi centenaria” por parte de la familia Olano solo “había sido una mera tenencia y que todo el dominio de la misma Inglesia estaba reconocido en los últimos treinta años por parte de los antepasados del Señor Olano”. En la misma providencia se condenó a Manuel José Olano a restituir a la Catedral esa corona y todos los elementos pertenecientes al culto de la Inmaculada Concepción. No hubo lugar a condenación por daños y perjuicios ni por costas del juicio.”

Cabe destacar aquí que esta sentencia fue ratificada por el Presidente, en esa época, del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Popayán, Dr. José Rafael Cabanillas Rodríguez, (a quien a semejanza de Cristo cuando preguntaron: “…a quién debéis pagar tributo, a Dios o al César?) a él lo pusieron a juzgar si la corona pertenecía: “…a Dios, a la Virgen, a la Iglesia o a la familia Olano”. El jurista, políglota, filósofo y exseminarista, Dr. Cabanillas en su profunda sabiduría respondió: “…ni Dios ni la Virgen son personas jurídicas a quienes les sean dados poseer bienes terrenales”. Esta respuesta fue malinterpretada por Monseñor Maximiliano Crespo, Arzobispo de Popayán por lo cual le impusieron una sanción eclesiástica por apóstata al negar la existencia de Dios”, a todas luces injusta que lo llevó a abandonar la ciudad de Popayán y radicarse en Bogotá donde fue recibido con todos los honores por todas las universidades de allí y de Tunja y hasta le concedieron el grado “Honoris Causa”, honor que no le concedió la Universidad del Cauca y nunca lo hará pues falleció en Bogotá a las noventa años el 18 de octubre de 1995.

Pero siguiendo con el juicio de la corona, el 21 de abril de 1938 los Dres Jorge Ulloa López como apoderado de la Arquidiócesis de Popayán y Tomás Olano Angulo por parte de Manuel José Olano solicitaron al H. Tribunal desistir del recurso de apelación y levantar el embargo y secuestro preventivo de los bienes eclesiásticos para ser entregados a la Arquidiócesis de Popayán como así se hizo.

Mas la corona de oro y esmeraldas no regresó de Nueva Cork y el Dr Jorge Ulloa López, apoderado de la Arquidiócesis, narra que recibió como producto de la venta US$72,500 que deducidas las sumas pagadas a Don Manuel José Olano (US$36,000) en virtud de una “generosa transacción” y por otros giros que hizo el Arzobispo Crespo quedó un saldo líquido de US$ 46,774.75, que esta cantidad unida a los US$2,857 que le correspondieron de honorarios, la invirtió por su cuenta en bonos de deuda externa de la Nación, Banco Agrícola Hipotecario y Departamento del Valle, cuando estos títulos se cotizaban a los precios más bajos en la bolsa de Nueva Cork y que gracias a esta inversión pudo entregar a la Arquidiócesis de Popayán en 1942 US$123,141,25, que al cambio de $174.50 le representó la suma de $214´881.48 moneda colombiana, esto sin contar con otros giros que le hizo con anticipación para atender algunos gastos como los del nuevo palacio arzobispal.

En la Feria Mundial Internacional llevada a cabo en Nueva Cork en el año de 1939 la corona de oro y esmeraldas de la Virgen de la Inmaculada de la Catedral de Popayán se exhibió como “La Corona de los Andes” por cuenta de la casa de subastas Christies con un catálogo en el que narran historias fantásticas sobre su origen para hacerla más interesante a los turistas tales como que fue tallada de un solo bloque de oro puro y pesaba 100 libras, que fue robada por unos piratas ingleses en 1650 y rescatada en alta mar después de una sangrienta batalla, que una de las esmeraldas perteneció al Cacique Inca Atahualpa y le fue arrebatada por Pizarro cuando conquistó el Perú, que el Zar ruso Nicolás II estuvo interesado en comprarla pocos meses antes que los bolcheviques lo ejecutaran en octubre de 1917. Todos estos argumentos como para una película de Holliwood pero nada reales.

La corona de oro y esmeraldas de la Virgen de la Inmaculada Concepción de Popayán, Colombia, ha estado exhibida en diferentes lugares del mundo tales como París, Londres, Roma, Tokio y en el famoso “museo Topkapi” de El Cairo.

La casa de subastas Christies fijo la fecha de 20 de noviembre de 1995 para rematarla al mejor postor, fijando un topo de tres a cinco millones de dólares. El gobierno colombiano por intermedio del embajador en Nueva York y de la señora del Presidente de la República Jackie de Samper se mostró interesado en subastarla, para devolverla a Popayán como patrimonio histórico, por lo cual se concedía la primera opción, pero los últimos acontecimientos político-administrativos lo hicieron desistir.

Al momento de escribir esta crónica se desconoce quien la remató, pero parece que no lo hicieron.

COMENTARIOS DE DON ALBERTO VALENCIA CORREA

Los documentos auténticos que hemos transcrito en este estudio histórico dejan comprobados los siguientes hechos:

1) Que la Cofradía de la Inmaculada Concepción de la Catedral de Popayán tuvo su origen en 1551.
2) Que cuando el Presbítero Manuel Ventura Hurtado se posesionó del cargo de Mayordomo el 20 de abril de 1763 recibió de su antecesor todos los bienes muebles pertenecientes a esa Cofradía, entre ellos alhajas preciosas de mucho valor como la corona de oro y esmeraldas.
3) Que esta congregación piadosa contó con suficientes rentas para atender a su subsistencia porque logró acumular valiosas donaciones hasta la mayordomía del Dr. Hurtado.
4) Que por ninguna parte en los documentos aludidos se habla de “Cofradía de Familia” sino de “Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora en el Misterio de la Purificación” (desde la proclamación del “dogma de fé” llámase “Inmaculada Concepción”.

Se observa en la carta de Don Tomás Olano y Hurtado para el Excelentísimo Señor Ragonessi no le dice que hubiera sido el Presbítero Manuel Ventura Hurtado la persona que mandó a fabricar la corona, de donde se infiere que no existía la tal “tradición de familia” acerca de la procedencia de la joya en su antepasado.

En lo tocante a sus antepasados, Don Tomás trató de testimoniar ante el Soberano Pontífice todo el celo y cuidado que aquellos le tuvieron a la joya por el tiempo que les correspondió ejercer las funciones de simples tenedores. Y no por el hecho de que a partir de 1763 los cargos de Mayordomos y Síndicos de la Cofradía de la Inmaculada recayeron en los miembros de una misma familia, sea ello razón para computarse esa Cofradía como “de familia”, desde luego los Cofrades fueron tantos cuantos fieles devotos tuvo la Santísima Virgen en esa advocación en toda la comarca de Popayán. Por eso S.S. Pio X al referirse por mediación del eminentísimo Cardenal Ferry de Val a la solicitud de Don Tomás Olano y Hurtado hace alusión a “Cofradía Local” para dar a entender con este término la congregación de muchos fieles de esta ciudad.

RECOPILACIÓN HISTÓRICA POR MARIO PERAFÁN FAJARDO “PERANCHICO”, Popayán, 25 de noviembre de 1995.
 
   

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