Inglés Francés Mapa Recomendar Contacto
Buscar


Página PrincipalQuienes somos?Viviendo el Cauca Localidades Sitios Turísticos
viviendo el cauca
En la región del Cauca, encontramos impresionantes contrastes de colores en los atardeceres



Relatos
  Anecdotario patojo 
Septiembre 22,04
Autor: Jaime Vejarano Varona   
 
 

Relatos sobre anécdotas de importantes payaneses a través de la historia


INTRODUCCION

del Autor

La historia de las naciones y de las ciudades, como la de los hombres, no es solo la narración épica de sus grandes sucesos o de sus más notables características y valores.

Hay en la vida diaria de las unas y de los otros, pequeños incidentes, hechos de una gran simplicidad, palabras y gestos al parecer intrascendentes que mucho nos dicen de su vivencia y que, a imitación de la caricatura, en rasgos ligeros y cortas palabras, son como un retrato que los identifica a cabalidad.

Aunque la existencia de nuestra ciudad ya ha sido suficientemente referida y analizada por los estudiosos de la historia, poco se ha escrito, recopilado o publicado sobre el suceder anecdótico de esta tierra que se distinguió por el talento, el ingenio y la suspicacia de sus moradores.

Unas cuantas anécdotas, escogidas al azar, nos dan claro ejemplo de cómo eran sus gentes, su medio ambiente, costumbres e idiosincrasia, así como del acaecer cotidiano; quizá la más antigua referencia en la historia de nuestra ciudad es la relacionada con la invasión de los españoles al suelo nativo. Veámosla:

Al divisar los españoles el hermoso Valle de Pubén y observar el reducido poblado que habitaban sus naturales, resolvieron prontamente sentar plaza. Dominaba el paisaje una pequeña eminencia llamada "La Loma del Azafate", posiblemente artificial, sobre la que se levantaba un enorme tambo cubierto de paja y sostenido por 400 pilares por lado.

Temerosos los indios corrieron a refugiarse en las montañas vecinas, dejando aparentemente desprotegido el campo en poder de los invasores peninsulares. Y desde su escondite se limitaban a formar fuerte algazara, con la intención de ahuyentarlos.

Y, entonces,..... oigamos lo que al respecto nos narra el cronista de Indias, don Juan de Castellanos, en su peculiar estilo:

"Hallaron cuatro leguas de cercado
y el pueblo de Popayán conmemorando;
crecida población en gran manera
y toda suntuosa casería,
mas solo paja cubre la madera;
y entre ellas una casa que tenía
cuatrocientos estantes por hilera,
tan grueso cada cual que no podía
por una y otra parte rodeado
ser de dos españoles abrazado
Alojáronse pues en un recodo
ellos y bestias, y el servicio todo.
mas vieras luego sacudir las plantas
y dar mil brincos el caballo laxo
porque niguas y pulgas fueron tantas
que no se vio reposo más escaso.
Y así, cubiertos hasta las gargantas
los echan del lugar más que de prisa
de manera que les hicieron la guerra
en vez de los vecinos de la tierra."

Esta anécdota, tan remota como es la
época de nuestra conquista, da inicio
a la narrativa costumbrista de la vida
de nuestra ciudad, que nos hemos propuesto.

También en la segunda época de nuestra historia, ocurrió este notable suceso que se guarda dentro de nuestro anecdotario:

Se cuenta que don Manuel de Pombo, prócer payanés nacido en 1776, después de terminar sus estudios en Bogotá viajó a España, donde ingresó en la guardia de los nobles de la Corte. Allí tuvo oportunidad de conocer a doña Beatriz O'Donell, bella y linajuda dama que ocupaba el rango de azafata de la reina.

Prendado de sus encantos quiso conquistarla para esposa. Pero ocurre que también la pretendía un noble de gran valimiento quien, por supuesto, tenía toda la ventaja.

Entonces don Manuel se presentó al palacio real ante su rival y le dijo:

"Se que usted pretende casarse con doña Beatriz O'Donell y como yo también la pretendo, vengo a decirle que uno de los dos sobra en este mundo y que mañana al amanecer tenemos que batirnos a muerte. Soy noble, como usted lo sabe, y así puede cruzar su espada con la mía."

El personaje comprendió con quién se las había y prefiriendo no arriesgar su vida declaró que desde ese momento renunciaba a doña Beatriz.

"Pero no es solo eso - le dijo don Manuel -. Como yo soy extranjero y carezco de valedores, usted mismo va a servirme de intermediario para pedir la mano de doña Beatriz".

Bajo esas condiciones el matrimonio se celebró y los nuevos esposos se vinieron a vivir a Popayán.

Cuando don Manuel fue tomado prisionero y condenado a muerte por su patriotismo, doña Beatriz viajó a Bogotá y consiguió que el
Pacificador Morillo lo remitiera a España para ser juzgado por el propio rey, donde, haciendo valer sus influencias, logró fuese indultado.

Fueron hijos de este matrimonio don Lino, don Cenón y don Fidel, patricios de gran nombradía; y doña Matilde, madre de don Julio y de don Sergio Arboleda. Pombo.

Pero si los señores tenían sus arrestos, no los mostraban en menor grado las damas de la nueva época, la de la independencia:

Doña Asunción Tenorio y Arboleda, dama de gran prosapia y muy virtuosa, a quien la sangre azul se le había subido a la cabeza hasta el punto de que en sus oraciones al dirigirse a la Virgen Santísima la llamaba "prima y amiga mía", era tía carnal del sabio Francisco José de Caldas, hijo de su hermana Vicenta.

Cuando los españoles pusieron preso a su sobrino, ella movió todas sus influencias hasta conseguir que el sanguinario Sámano le garantizase la vida de Francisco José.

En noviembre de 1816 se supo en Popayán el fusilamiento del prócer y entonces doña Asunción, descompuesta por la ira, se apareció al Despacho de Sámano y le gritó: "Villano, mal nacido! Has faltado a tu palabra como un indio follón."

Y sin más le asestó sonora bofetada en la mejilla.

Se dice que Sámano, en lugar de enfurecerse como f
uera de esperar, aguantó la ofensa y le respondió:
"Señora, manos blancas no ofenden"

¡Quién lo creyera!: en Popayán se realizó el primer vuelo que se registra en la historia de Colombia.

En efecto, el historiógrafo J.J. Medina narra que un ciudadano argentino, José María Flórez, dedicado a estudios de aeronáutica que por entonces eran una novedad, quiso hacer el intento de aeronavegar sobre el suelo de su patria, la Argentina, no habiendo recibido para ello estímulo alguno.

Establecido en Colombia y finalmente en Popayán, explicó sus planes al Rector del Seminario, quien lo alentó en su propósito.

Así, el 12 de junio de 1843, un globo fabricado por él mismo, del que pendía una canastilla, fue ubicado en el patio del Real Colegio y Seminario. Se prendió una fogata para insuflarle aire caliente con el propósito de procurar su ascenso.

Don José María, al subirse, recibió los Santos Sacramentos y ante la expectativa general se soltaron las amarras. Suave, lenta pero seguramente la aeronave fue ganando altura.

Ante la angustia y sorpresa de los presentes, alcanzó a ascender 400 metros y luego se desplazó hacia el sur de la ciudad, yendo a descender indemne y levemente al sitio denominado El Ejido.

Así ocurrió este suceso casi desconocido pero que marca un hito en la historia aérea de Colombia. ¡Y acaeció en Popayán!.

Ninguna anécdota como la que sigue para exaltar la persona de don José María Mosquera y Figueroa y el aprecio inmenso que por él tuvo el Libertador:

El 9 de diciembre de 1825 se celebraba en Chuquisaca (República de Bolivia) un banquete conmemorativo del primer aniversario de la batalla de Ayacucho. Llegada la hora de los postres, el Libertador brindó en honor del Mariscal Sucre, llamándolo el más distinguido de los Generales de Colombia. Sucre expresó sus agradecimientos y a su vez propuso brindar por "el primer ciudadano de América", dirigiendo su copa hacia Bolívar.

Bolívar, en alto su copa, respondió: "Brindo por él, con mucho gusto, porque lo conozco."

Ante la sorpresa de los asistentes, el Gran Mariscal consideró conveniente reiterar su brindis, explicándolo así: "Al proponer yo este brindis he querido invitar a libar en vuestro honor, a quien reconocemos como "al primer ciudadano de América".

Pero el Libertador replicó: "Es a otro a quien corresponde ese título. Hay en Colombia un hombre modesto que, con tener un hermano Regente de España, defendió mientras tanto la causa de nuestra libertad e independencia. Sus hijos se dedicaron a la patria desde que tuvieron capacidad de servirla y él me proporcionó recursos para la campaña de Pasto en 1822."

"Si me fuera dado elegir un padre después de muerto el mío, escogería al doctor José María Mosquera, de Popayán."

Sucre corroboró entonces el elogio del Libertador diciendo:
"Libemos en recuerdo del señor Mosquera a quien Vuestra
Excelencia ha querido dedicar nuestro brindis.
Lo conozco también, como a sus hijos. Ninguno de
ellos está hoy con nosotros, pero sabrán que el
elogio de V.E. es la más alta distinción que pueda hacerse a un ciudadano."

A mitad del camino entre la ciudad de Popayán y la Hacienda de Calibio, don Julio Arboleda - el Poeta Soldado- tenía un sencillo compadre de nombre Rafael, en cuya casa siempre se detenía para tomar un refrigerio y dar descanso a su cabalgadura.

El compadre y su esposa le demostraban su afecto y admiración y aprovechaban sus paradas para suplicarle insistentemente:
" Compadrito Julio - le decía el labriego - Usted que es tan buen poeta, por qué no me hace unos versos, para mi mujer, en que entre ella, entre vusté y entre yo?".

Después de tanta reiterada solicitud, don Julio no tuvo otra alternativa que complacerlo y escribió así:

"Mi compadre Rafael
- aquí entra él -
unos versos me pidió
- aquí entro yo -
para Lorenza la bella
- aquí entra ella -
más como es pobre mi estrella
en esto del discurrir,
nada les puedo decir
ni de él, ni de mi, ni de ella."

En 1885 vino a establecerse en Popayán don Rosendo Mora, pintor procedente de Pasto.

Recorriendo las iglesias de la ciudad para admirar sus obras de arte, encontró en la de San José un antiguo cuadro, bastante deteriorado, que representaba el Purgatorio y pidió permiso al Obispo Bermúdez para hacerle una copia, pero, por supuesto, sin sacarlo de la iglesia.

Mientras ejecutaba la obra, advirtió que día por día una señora de aspecto distinguido iba a rezar todas las tardes, con mucha unción. Como le llamara la atención de modo particular su rostro resolvió tomarlo de modelo y así, escogió a una de las ánimas que estaban penando en el cuadro y le puso el de ella.

Al colocar el cuadro, una vez concluido, a la vista pública, todo el mundo reconoció a doña Pastora Scarpetta y Llamas, distinguida matrona de la ciudad.

Ella, indignada apeló ante el Presidente del Estado, General Eliseo Payán, bugueño, quien ordenó quitar del cuadro a doña Pastora por "haberla metido al Purgatorio, sin su consentimiento."

Así lo hizo el pintor, restaurando en lugar de doña Pastora a la que llevaba ¡sabe Dios! ¡cuántos años! penando allí sus faltas.

Quedó de esa forma comprobado que entre tanto payanés ilustre, no hubo ninguno capaz de hacer lo que entre un pastuso y un bugueño lograron: sacar y meter ánimas al Purgatorio con tanta facilidad.

Rogerio Guevara, personaje típico de Popayán, fue universalmente conocido con el apodo de Anacoreta. Era un hombre del pueblo, flautista, pobre de solemnidad y cuyo "modus vivendi" era trabajar la pólvora. Se hizo conocer por la fabricación de magníficos "Castillos de luces", arte en que no tenía rival idóneo.

Alguna vez Anacoreta se presentó donde el pintor Luis Carlos Valencia llevándole un libro bellísimo, antiguo, con pastas en cuero, herrajes en los bordes y las puntas y filos dorados. Además tenía sus hojas en pergamino y estaba manuscrito con bellísima caligrafía. Era pues todo un incunable.

Admirado el pintor Valencia detalló la obra, notando que le hacían falta varias hojas que habían sido tosca, burda y estúpidamente arrancadas. Le dijo a Anacoreta que le interesaba el libro y que en cuánto se lo vendía.

Entonces nuestro personaje le respondió: "No maestro, yo no vengo a venderle el libro, sino a que me saque de una duda"

- "Y qué es lo que quieres saber?.-

"Pues Maestro: dígame de qué son esas hojas; porque resulta que hago con ellas unos cohetones .... y revientan tan sabroso!!!!

Luis Carlos Valencia estuvo a punto de desmayarse.

El Maestro Guillermo Valencia y el doctor Francisco Eduardo Diago cultivaron una profunda y estrecha relación, ya por temperamento, calidades mentales y aficiones, y de verdad que compartían sin restricciones los más fraternales lazos de una entrañable amistad.

Por supuesto que algo en lo que coincidían era en su admiración por el sexo femenino y en su conquista emulaban como buenos galanes.

Se cuenta que ambos pretendían a una dama y para lograr su favor se hacían las más ingeniosas tretas, siempre queriendo el uno desplazar al otro.

Una vez Valencia consiguió a los mejores músicos de la ciudad, bajo la dirección de Avelino Paz, otro consocio en iguales lides y se fue a darle la más romántica y armoniosa serenata, en la seguridad de que sin duda sería suya la partida.

Avanzaban ya hacia el final del musical homenaje, cuando empezó a abrirse la ventana que daba a la alcoba de la Dulcinea.

Valencia muy emocionado por haber conseguido vencer a su rival, estuvo a punto de desmayo cuando asoma desde el balcón el doctor Diago y le dice: "Gracias Guillermo, Ernestina y yo hemos gozado mucho con tu serenata"

Guillermo Valencia y Efrain Martínez, los dos maestros, uno de la lira y otro del pincel, pasaban largas horas cambiando impresiones en torno a la obra máxima de pintor "Apoteosis de Popayán" mientras se iba elaborando.

Valencia debía posar para dejar plasmada su agregia estampa delante de una serie de ilustres personajes que descienden por una escalinata, Martínez quiso poner en su mano, que asomaba por debajo de la capa española, una rama de olivo para simbolizar al aeda consagrado.

Ante la negativa de portar tal símbolo, Martínez le argumentaba que nadie como él merecía tal honor y le requería la razón de rechazo, entonces Valencia le replicó terminantemente:

"No maestro Efrain, es que me parece que usted me ha puesto alli como "arriando próceres".

(Ante tan contundente argumento, Martínez no tuvo otra alternativa que suprimir la ramita de olivo y borrar la mano de Valencia.)



 
   

Regresar

Recomendar  
Imprimir  
Comentar  


Página PrincipalQuienes somos?Viviendo el Cauca Localidades Sitios Turísticos
Copyright © Universidad del Cauca
LATIN - Laboratorio de Tecnologías de Información
Grupo de Investigación en Ing. Telemática
Grupo de Investigación en Desarrollo Turístico
Carrera 2 No. 1-25, Urbanización Caldas
(+57 2) 82 4115 -823 1730
Popayán, Cauca, Colombia
tampu@unicauca.edu.co