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Historia
  Historia de Popayán 
Diciembre 19,02
Autor: Diego Castrillón Arboleda   
 
 

Autor: Diego Castrillón Arboleda. Tomada de la Guía de la Ciudad Histórica publicada por Colcultura. POPAYAN es ciudad de grandes hechizos, belleza, conflictos y adversidades. Todas las estancias de su historia y el carácter de sus habitantes llevan este sino.

Popayán
Fotógrafo: Biko

POPAYAN es ciudad de grandes hechizos, belleza, conflictos y adversidades. Todas las estancias de su historia y el carácter de sus habitantes llevan este sino. Lo confirman su pasado poder económico, cultural y político y la magnificencia de sus expresiones religiosas, alternos a la apertura de los caminos que impulsaron, desplazaron y, aún, aplacaron la opulencia y la belleza esplendorosa de su comarca; las cicatrices de su hermosa arquitectura; las conmociones políticas en que se comprometieron sus guerreros y las físicas surgidas de su propio suelo, que van de la armonía apacible de sus campiñas a la versatilidad torrrentosa de sus estaciones; la convergencia triétnica coincidente con el encuentro de las corrientes precolombinas que poblaron el continente: la quechua, unida a las caravanas de conquistadores españoles que entraron a la meseta por el sur y la que provino del norte, la del Caribe, que remontó el río Magdalena, tardíamente atraída por la ferocidad y el embrujo de la comarca.

Los aborígenes que enfrentaron a finales de 1535 a Juan de Ampudia y Pedro de Añasco, los primeros conquistadores españoles que llegaron por orden de Belalcázar a la región eran seminómadas desnudos y cazadores en tránsito a la agricultura del maíz, refugiados en cuevas y bohíos o árboles coposos acondicionados, venidos de Tierradentro, el país de la "nenga" o de la sal, pintarrajeados y con penachos de plumas en la frente amarrados con bejuco. Huyeron los aborígenes hacia el norte, señalando el sendero que los condujo a un río caudaloso de aquas turbulentas y ácidas, de olor sulfuroso, que bajaba de la cordillera y corría por el valle hacia el norte bautizado por los indios Yanaconas que traían de Quito los españoles, con el nombre quechua "Cauca" (maíz fermentado). Estos mismos españoles, antes de proseguir su viaje hacia el norte, levantaron en las inmediaciones un campamento que denominaron Villa de Ampudia.

Guiado por la cruz que sus lugartenientes plantaron en la cima del cerro más alto de la región -como lo tenían convenido desde Quito- llegó el Capitán Sebastián de Belalcázar, quien venía de librar en Quazábara batalla a una confederación de unos cuatro mil aborígenes. En este lugar permaneció corto tiempo recuperándose y planeando una expedición hacia el occidente a cargo de Juan de Ladrilleros, quien trataría de buscar una salida al mar del sur, por donde había venido al Perú con don Francisco Pizarro. Por la cordillera que se levantaba hacia el oriente, encomendada a Francisco García de Tobar, dio la orden de buscar una ruta que condujera por tierra al Mar Caribe y que le permitiera regresar a España para solicitar al Rey el derecho de gobernar las regiones que estaba descubriendo.

Belalcázar siguió el cauce del río Cauca y en abril de 1536 dío alcance en Jamundí, a la expedición de Juan de Ampudia y, unidas las fuerzas, siguieron al norte a lo largo del fértil valle por el gran río. En el lugar de la hoy ciudad dc Anserma, recibió un mensaje de Gaspar de Espinosa: el conquistador don Francisco Pizarro sospechando de las intenciones separatístas de Belalcázar, lo había depuesto del cargo de Gobernador de Quito. Sin vacilar, Belalcázar emprendió el regreso por Cartago, en Jamundí dejó una partida al mando del Teniente Miguel Muñoz con la orden de fundar la ciudad de Cali y llegó a la Villa de Ampudia en diciembre de 1536, donde encontró de regreso a sus comisionados. El Capitán Juan de Ladrilleros lo recibió con un informe negativo, al tiempo que Francisco García de Tobar le habló de los Coconucos y Paletará (nombres quechuas), de un río grande que corría por la otra vertiente de la cordillera hacia el norte y de una cultura abandonada de ídolos de piedra, perdida en el piedemonte de una tercera cordillera, que llamó San Agustín.

Intuyendo que esta era la ruta anhelada para cumplir sus planes, Belalcázar ordenó a su lugarteniente Juan de Ampudia, quedarse para trasladar la villa de su nombre al pie del cerro de la cruz, lugar éste recostado en la cordillera y equidistante del valle del río Cauca, de los mares del Sur, del Caribe y del reino del Perú, para fundar una ciudad que se llamara Popayán y para que esta fuera la sede de sus dominios, si su Majestad el Rey se los otorgaba. El nombre fue asumido del jefe o cacique de la región, Pioyá, pronunciado Payán por los intérpretes Yucatecos que los conquistadores traían con ellos, al que estos agregaron la voz maya -quiche- "Pop" o gran señor, para indicar su jerarquía.

Quince días después de su ausencia, el 13 de enero de 1537, don Juan de Ampudia cumplió oficialmente la orden de fundar a Popayán, dejándola consagrada a Nuestra Señora del Reposo, como se lo tenía ordenado.

TERREMOTOS

En 1564 un pavoroso sismo conmovió a la región y destrozó todo aquello que se había construído hasta entonces. Sólo quedó en pie el templo de la Ermita, catedral pro témpore en reemplazo de la titular, derruida. No obstante, de las ruinas vino un nuevo impulso, una energía creadora, surgieron los pimeros conventos y se inició la reconstrucción de la segunda catedral con teja y ladrillo.

El 2 de febrero de 1736, sacudió a Popayán un segundo terremoto, tanto o más violento que el de 1564. Aunque seriamente averiadas, sólo subsistieron algunas casas de mayor consistencia, el templo de La Ermita, la Torre del Reloj y parte de lo ya construido en los monasterios y el Seminario de la Compañía. Vino de inmediato la reconstrucción, dirigida por el Cabildo y en parte financiada por la Marquesa de San Miguel de La Vega y los opulentos señores estancieros que sucedieron a los encomenderos, cuyos vástagos, formados en el Seminario de Popayán, viajaban a Europa a completar su educación, donde algunos de ellos contrajeron enlaces matrimoniales con damas de la nobleza y desempeñaron señalados cargos en la Corte o asumieron poder. La concepción cultural y el nivel de vida asumidos por estos jóvenes, unidos a la estructura socioeconómica del momento en la Gobernación y a los enormes recursos de que se disponía, trajeron como consecuencia la hermosa arquitectura doméstica de la ciudad.

La reconstrucción se retrasó hasta finales del siglo, debido a los consecutivos sismos que sucedieron al de 1736, los cuales obligaron a demoler algunas construcciones que se habían salvado inicialmente. Tan frecuentes catástrofes despertaron un sentimiento de pánico en el ánimo de los payaneses. Pero Popayán salió adelante y en la década de 1980 era ya una notable ciudad intermedia de Colombia, sin ceder su importancia de primer orden como ciudad de alto nivel cultural y turístico.

Un nuevo terremoto, el 31 de Marzo de 1983, dejó a Popayán nuevamente postrada. La solidaridad nacional e internacional acudió en su ayuda. La ciudad conservó la identidad política, empresarial y cultural de los mejores días, como lo demuestra la restauración de nuestra arquitectura colonial y la reconstrucción de todo cuanto se desplomó. Y el surgimiento de 32 nuevos barrios (una ciudad marginal a la histórica), en parte integrados por familias emigradas a Popayán con anterioridad al sismo, las cuales se habían agrupado hacinadas en las pequeñas edificaciones de los suburbios. Esta empresa extraordinaria, se llevó a cabo, unida a la recuperación de la economía y la dinámica de la ciudad. Bastaron escasos tres años para que los fundamentos de la obra se hallaran terminados.

Hoy es Popayán una ciudad cercana a los 300 mil habitantes, ciudadanos orgullosos de su pasado y de su experiencia, seguros de su destino, hospitalarios e incorporados a la vida moderna a través de la juventud foránea que unida a la nativa concurre a sus colegios y a las mejores universidades colombianas establecidas en sus amplias casonas a raíz del sismo, atraídas por los recursos ambientales e históricos propios para la formación académica y para el manejo conjunto empresarial que la conforta. Y a través de una comarca de tierras especialmente fértiles distribuidas en todos los climas y altitudes, en el marco de una topografía formada por cordilleras que confluyen al nudo andino colombiano, altiplanos y valles, aguas termales por doquier y poderosos recursos telúricos e hidrográficos generadores de energía, todo esto unido a un medio geográfico donde proliferan todos los frutos y fauna tropicales y variadas y ricas reservas minerales como el oro y el petróleo, cobre, antimonio, azufre, bauxita, mármol y cal, carbón, bosques y selvas madereras y turísticas y el océano Pacífico al occidente.

Y, para cerrar esta historia, hay un epílogo: el 6 de junio de 1995 se presentó en la cordillera oriental un terremoto seguido de una avalancha que sepultó gran parte de las poblaciones indígenas de Tierradentro y el mundo nuevamente volvió su mirada al Cauca. De otra parte, en diciembre de 1995, la UNESCO declaró el Parque Arqueológico de Tierradentro como Patrimonio de la Humanidad y el gobierno colombiano expidió la ley de alivio, por la cual se protege con incentivos económicos y tributarios a empresarios que se quieran establecer en el territorio caucano.

EN SUS 450 AÑOS

En 1987 se publicó el libro Popayán 450 años, para conmemorar el sesquicentenario de la fundación de la ciudad, en el cual colaboraron con interesantes artículos distinguidos payaneses, entre ellos Gustavo Wilches Chaux, quien en esa publicación nos dio a conocer el siguiente mapa, cuyo original manuscrito se encontró en el Museo Marítimo de Greenwich. Está fechado en 1650 y lleva la firma del cartógrafo ingles NICHOLAS COMBERFORD.

Nos comenta el articulista Wilches Chaux que este mapa fue hecho para informar al navegante sobre los puertos existentes a lado y lado del Océano Atlántico al Norte de la línea ecuatorial y por esa razón, dice, "es prolífico en nombres de islas y ciudades costeras, pero poco o nada dice sobre el interior de los continentes, caso en el cual se limita a señalar con grandes letras rojas o negras los nombres con que entonces se conocían las regiones situadas en dicha parte del mundo. Sobre lo que hoy es Colombia, por ejemplo, el mapa despliega un gran letrero rojo con el nombre del vasto territorio situado al norte del Perú: «POPAIANA»".

"POPAYAN cumplía 113 años cuando el señor Comberford dibujaba en Inglaterra su mapa de puertos para uso de comerciantes, exploradores, aventureros y piratas, bautizaba «POPAIANA» al Nuevo Reino de Granada, o a lo que algunos cartógrafos de Drake simplemente englobaban bajo el nombre de «West Indias», preocupándose por destacar únicamente a «Rio de la Hacha» y Cartagena".



 
   

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